"Un estilo diferente y unico"
"El estilo mormón", proclamó audazmente la portada de una revista estadounidense de tiraje nacional en su edición de noviembre de 2000, seguido del subtítulo: "Cómo la Iglesia con sede en Utah llegó a ser la religión de más rápido crecimiento en el mundo".
Pero, ¿es cristiana? Esta es una pregunta común que hacen periodistas y otra gente no familiarizada con las enseñanzas de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, una iglesia que tiene menos de 175 años.
"¿Somos cristianos? Por supuesto que sí", dice el presidente Gordon B. Hinckley en una reunión de escritores sobre religión en 1997. "Toda nuestra doctrina, toda nuestra práctica religiosa deriva de esta posición doctrinal básica: 'Nosotros creemos en Dios el Eterno Padre, y en su Hijo Jesucristo, y en el Espíritu Santo'. Ése es el primer artículo de nuestra fe, y todo lo demás está relacionado con ello".
Sin embargo, emana cierta confusión debido en parte a que algunas iglesias cristianas definen en forma limitada el significado del ser cristiano. En un artículo de consulta sobre la cristiandad, por ejemplo, ni siquiera se incluye a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en su lista de 48 denominaciones cristianas; tampoco se incluyen como universidades cristianas a la Universidad Brigham Young (BYU), a la Universdidad BYU-Hawai ni tampoco al Colegio Universitario Ricks.
La Iglesia no se disculpa por las diferencias teológicas que tiene con respecto a otras creencias, lo que hace que, en efecto, algunos cristianos la vean como una entidad separada.
"Nadie cree en forma más literal en la redención que trajo el Señor Jesucristo," dice el presidente Hinckley. "Nadie cree en forma más fundamental que Él fue el Hijo de Dios, que Él murió por los pecados del género humano, que se levantó del sepulcro y que Él es el Hijo resucitado viviente del Padre viviente".
Stephen E. Robinson, profesor de religión de BYU dijo: "A lo que ellas (las razones) se reducen, es a esto: Los Santos de los Últimos Días son diferentes a las otras iglesias cristianas".
Una de esas diferencias clave es que los Santos de los Últimos Días enseñan que la iglesia de Jesucristo y la autoridad para dirigirla se perdió durante siglos después de la muerte de los apóstoles de Cristo, hace casi 2000 años.
Los miembros creen que fue restaurada divinamente a la tierra en el siglo 19, lo que la Iglesia califica de "los últimos días". De allí deriva el término "Santos de los Últimos Días" para referirse a los miembros de la Iglesia.
"Esta gran restauración... empezó en 1820 cuando el Señor llamó a un joven llamado José Smith para restablecer la Iglesia", dice el élder John B. Dickson, uno de los Setenta de la Iglesia, conocidos como Autoridades Generales.
"Perplejo ante la confusión que había entre las iglesias de su época, (Smith) buscó la forma de saber cuál era la iglesia verdadera... En una arboleda sagrada al norte de Nueva York, este joven recibió la visita del Padre y del Hijo, y se le dijo que no se debía unir a ninguna de las iglesias existentes. Pronto supo que habría de ser un instrumento en las manos de Dios para establecer nuevamente la Iglesia de Jesucristo".
Esta creencia en una restauración de la fe, de la autoridad y de las prácticas cristianas es única entre las iglesias cristianas. Los Santos de los Últimos Días creen que el Evangelio de Jesucristo ha sido restaurado en su pureza y plenitud, libre de ciertas creencias y dogmas ajenos a las Escrituras enlazadas a una filosofía posterior al Nuevo Testamento.
Sin embargo, el élder Dallin H. Oaks, uno de los Doce Apóstoles de la Iglesia y ex miembro de la Corte Suprema del estado de Utah, dice que se enseña a los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días a respetar a otros cristianos, a declarar sus propias creencias sin denigrar la fe de otras personas.
"Existe una apremiante necesidad de acción cooperativa en el mundo de hoy", dice el élder Oaks, escritor asociado de un folleto publicado con el líder de la Iglesia Lance B. Wickman, de los Setenta. "En tiempos de una pobreza desgarradora, de aumento en la intolerancia, y florecimiento del mal en muchas comunidades, las organizaciones religiosas que comparten principios comunes tienen amplias oportunidades para la acción conjunta".
Ellos agregan: "La Iglesia no se involucra en el diálogo eucuménico dirigido a una doctrina homogénea o comprometedora. Sin embargo,... las iglesias pueden cooperar en base a un intercambio de creencias de principios comunes sin comprometer sus propias doctrinas y enseñanzas... Un distintivo de las relaciones de los Santos de los Últimos Días con sus semejantes es la cortesía genuina y el respeto por sus creencias.
La buena voluntad con la que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días considera a otras religiones se percibe fácilmente en el estado de Utah, donde se halla su sede mundial. Aquí, donde predominan los Santos de los Últimos Días, con el correr de los años se ha ayudado a las comunidades judías, católico romanas y protestantes que necesitaban contribuciones para edificios o lugares temporarios para reunirse.
Cuando una gran denominación protestante anunció su intención de efectuar una inmensa convención en Salt Lake City, Utah, el presidente Gordon B. Hinckley respondió: "Vamos a darles la bienvenida. Haremos todo lo posible para que se sientan como en su casa".
Pero, ¿es cristiana? Esta es una pregunta común que hacen periodistas y otra gente no familiarizada con las enseñanzas de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, una iglesia que tiene menos de 175 años.
"¿Somos cristianos? Por supuesto que sí", dice el presidente Gordon B. Hinckley en una reunión de escritores sobre religión en 1997. "Toda nuestra doctrina, toda nuestra práctica religiosa deriva de esta posición doctrinal básica: 'Nosotros creemos en Dios el Eterno Padre, y en su Hijo Jesucristo, y en el Espíritu Santo'. Ése es el primer artículo de nuestra fe, y todo lo demás está relacionado con ello".
Sin embargo, emana cierta confusión debido en parte a que algunas iglesias cristianas definen en forma limitada el significado del ser cristiano. En un artículo de consulta sobre la cristiandad, por ejemplo, ni siquiera se incluye a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en su lista de 48 denominaciones cristianas; tampoco se incluyen como universidades cristianas a la Universidad Brigham Young (BYU), a la Universdidad BYU-Hawai ni tampoco al Colegio Universitario Ricks.
La Iglesia no se disculpa por las diferencias teológicas que tiene con respecto a otras creencias, lo que hace que, en efecto, algunos cristianos la vean como una entidad separada.
"Nadie cree en forma más literal en la redención que trajo el Señor Jesucristo," dice el presidente Hinckley. "Nadie cree en forma más fundamental que Él fue el Hijo de Dios, que Él murió por los pecados del género humano, que se levantó del sepulcro y que Él es el Hijo resucitado viviente del Padre viviente".
Stephen E. Robinson, profesor de religión de BYU dijo: "A lo que ellas (las razones) se reducen, es a esto: Los Santos de los Últimos Días son diferentes a las otras iglesias cristianas".
Una de esas diferencias clave es que los Santos de los Últimos Días enseñan que la iglesia de Jesucristo y la autoridad para dirigirla se perdió durante siglos después de la muerte de los apóstoles de Cristo, hace casi 2000 años.
Los miembros creen que fue restaurada divinamente a la tierra en el siglo 19, lo que la Iglesia califica de "los últimos días". De allí deriva el término "Santos de los Últimos Días" para referirse a los miembros de la Iglesia.
"Esta gran restauración... empezó en 1820 cuando el Señor llamó a un joven llamado José Smith para restablecer la Iglesia", dice el élder John B. Dickson, uno de los Setenta de la Iglesia, conocidos como Autoridades Generales.
"Perplejo ante la confusión que había entre las iglesias de su época, (Smith) buscó la forma de saber cuál era la iglesia verdadera... En una arboleda sagrada al norte de Nueva York, este joven recibió la visita del Padre y del Hijo, y se le dijo que no se debía unir a ninguna de las iglesias existentes. Pronto supo que habría de ser un instrumento en las manos de Dios para establecer nuevamente la Iglesia de Jesucristo".
Esta creencia en una restauración de la fe, de la autoridad y de las prácticas cristianas es única entre las iglesias cristianas. Los Santos de los Últimos Días creen que el Evangelio de Jesucristo ha sido restaurado en su pureza y plenitud, libre de ciertas creencias y dogmas ajenos a las Escrituras enlazadas a una filosofía posterior al Nuevo Testamento.
Sin embargo, el élder Dallin H. Oaks, uno de los Doce Apóstoles de la Iglesia y ex miembro de la Corte Suprema del estado de Utah, dice que se enseña a los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días a respetar a otros cristianos, a declarar sus propias creencias sin denigrar la fe de otras personas.
"Existe una apremiante necesidad de acción cooperativa en el mundo de hoy", dice el élder Oaks, escritor asociado de un folleto publicado con el líder de la Iglesia Lance B. Wickman, de los Setenta. "En tiempos de una pobreza desgarradora, de aumento en la intolerancia, y florecimiento del mal en muchas comunidades, las organizaciones religiosas que comparten principios comunes tienen amplias oportunidades para la acción conjunta".
Ellos agregan: "La Iglesia no se involucra en el diálogo eucuménico dirigido a una doctrina homogénea o comprometedora. Sin embargo,... las iglesias pueden cooperar en base a un intercambio de creencias de principios comunes sin comprometer sus propias doctrinas y enseñanzas... Un distintivo de las relaciones de los Santos de los Últimos Días con sus semejantes es la cortesía genuina y el respeto por sus creencias.
La buena voluntad con la que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días considera a otras religiones se percibe fácilmente en el estado de Utah, donde se halla su sede mundial. Aquí, donde predominan los Santos de los Últimos Días, con el correr de los años se ha ayudado a las comunidades judías, católico romanas y protestantes que necesitaban contribuciones para edificios o lugares temporarios para reunirse.
Cuando una gran denominación protestante anunció su intención de efectuar una inmensa convención en Salt Lake City, Utah, el presidente Gordon B. Hinckley respondió: "Vamos a darles la bienvenida. Haremos todo lo posible para que se sientan como en su casa".
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