La Apostasía


El objeto del presente documento es entregar algunos datos relevantes para el conocimiento de la apostasía, sus características y cómo combatirla en nuestras vidas. Se puede apreciar cómo los hombres cuando confían más en sí mismos que en Dios no perturban las vías del Señor sino que cumplen con lo que ha sido profetizado.
A la ves se mencionan algunos otros datos de interés, que ayudarán a entender el origen divino de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días.
Al hablar de la apostasía no se puede dejar pasar su origen etimológico. Esta palabra viene del latín apostasía y ésta del griego apostasía; de apó, fuera de, e hístemi, estar, situarse. Por lo tanto, significa estar o situarse fuera de. Por otro lado apostatar, viene del latín apostat*àre que significa negar la fe cristiana recibida durante el bautismo.
Esta apostasía de que se habla en las escrituras se menciona como un hecho futuro que habría de cumplirse tras la venida en la carne del Hijo de Dios. La precognición de Dios reveló, aún desde el principio, esta desviación de la verdad; y los profetas de la antigüedad, por medio de la inspiración, pronunciaron solemnes amonestaciones de los peligros que se aproximaban. Isaías vio esta época de obscuridad espiritual cuando declaró: "Y la tierra se inficionó bajo sus moradores; porque traspasaron las leyes, falsearon el derecho, rompieron el pacto sempiterno" (Isa. 24:15). Quienes hicieron todas estas cosas no eran precisamente desconocedores de la ley, sino que por el contrario, miembros de la Iglesia, aquellos que una vez tuvieron la verdad y que luego decidieron abandonarla, porque para romper un pacto eterno es menester primero concertarlo. No se puede quebrantar algo que no se ha implantado.
En otro relato bíblico causan profunda impresión las palabras del Señor dadas por boca de Jeremías: "Porque dos males ha hecho mi pueblo: dejáronme a mi, fuente de agua viva, por cavar para sí cisternas, cisternas rotas que no detienen aguas." (Jer 2:13). Aquí se manifiesta el mismo concepto.
Las profecías de los apóstoles relativas a los falsos profetas que al poco tiempo asolarían el rebaño, nos muestra que en aquella época temprana, la apostasía ya se había iniciado. San Pablo aconsejó a los santos de Tesalónica que no se dejaran engañar por aquellos que entonces anunciaban que la segunda venida de Cristo estaba ya próxima. "Porque -declaró el apóstol- no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, oponiéndose y levantándose contra todos lo que se llama Dios, o que se adora; tanto que se asiente en el Templo de Dios como Dios, haciéndose parecer Dios" (Véase 1 Tes. 2:3-4). Esta apostasía había empezado aún en los días de los apóstoles: "Así también -dice Juan- al presente han comenzado a ser muchos anticristos" (Véase 1 Juan 2:18). Y San Pablo dirigiéndose a los Gálatas dice: "Hay algunos que os inquietan y quieren pervertir el evangelio de Cristo" (Véase Gál 1:7).
Quizás uno de los hechos que más impresiona al lector es que los apóstoles sabían que esta pérdida de la verdad acontecería en las postrimerías de los tiempos, y que advirtieron, a los de corazón puro, pues debían protegerse en contra de aquellos que, con apariencia de hacer lo bueno, estarían sembrando cizaña entre ellos. Pablo señala: "Pero el espíritu dice claramente que en los postreros tiempos, algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos, que teniendo cauterizada la conciencia, prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó para que con Acción de Gracias participasen de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad." (Véase 1 Tim 4:1-3)
En los Hechos de los apóstoles encontramos la siguiente declaración: "Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras de sí a los discípulos". (Véase Hec. 20:29-30). Es interesante lo que encontramos en estos versículos pues se menciona que los propios discípulos seguirían a estos hombres, y ¿de qué manera se puede convencer a una persona que ha seguido al Salvador de que no lo haga más y aún se vuelva en su contra?, la respuesta llega al ver la forma de operar de Satanás, pues él despliega toda su astucia para concretar su fin, él mezcla la verdad con la mentira, de manera que parezca ante los ojos inexpertos de un recién converso, como que tiene apariencia de verdad, pero negando su eficacia. El esparce sus mentiras en medio de las verdades que Dios dejó sobre la tierra.
Mateo amonesta en contra de estos hombres perversos "Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces" (Véase Mat 7:15).
El mismo Pablo señaló a Timoteo y a todos nosotros, cómo distinguir a estos hombres: "También sabed esto; que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros vanagloriosos, soberbios, blasfemos desobedientes a los padres, ingratos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles,, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de verdad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita. Porque de éstos son los que se meten en las casa y llevan cautivas a las mujercillas cargadas de pecados, arrastradas por diversas concupiscencias.
Estas siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad. Y de la manera que Janes y Jambres resistieron a Moisés, así también estos resisten a la verdad; hombres corruptos de entendimiento, réprobos en cuanto a la fe".(Véase 2 Tim 3:1-8).
Por su lado el apóstol Pedro también hace referencia a este hecho: "Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aún negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina.
Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme. (Véase 2 Ped. 2:1-3).
Impresiona el hecho de saber que aquellos que se supone se debe seguir, se han vuelto corruptos y de qué manera. Judas señaló: "Estos son murmuradores, querellosos, que andan según sus propios deseos, cuya boca habla cosas infladas, adulando a las personas para sacar provecho". (Véase Judas:16, 2 Ped. 2:18).
Pero el maestro mismo nos amonestó en cuanto a este período y las circunstancias que lo rodearían, antes de su venida: "Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin.
Porque se levantará nación contra nación y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores.
Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos por todas las gentes por causa de mi nombre.
Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán.
Y muchos falsos profetas se levantarán y engañarán a muchos; y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará".(Véase Mateo 24:4-12).
En el antiguo Testamento Amós nos advierte acerca del hambre de oir la palabra de Dios en los postreros días: "He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oir la palabra de Jehová. Esa hambre de oir la palabra se manifiesta en nuestra sociedad pues muchas personas se unen a diferentes cultos y sectas aferrándose a las pequeñas porciones de verdad disgregadas por entre diversos géneros de sectas y religiones.
E irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente discurrirán buscando palabra de Jehová y no la hallarán". (Véase Amós 3:11-12).
En el evangelio de Juan encontramos la siguiente declaración del Señor: Estas os he hablado para que no tengáis tropiezo.
Os expulsarán de las sinagogas; y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios.
Y harán esto porque no conocen al Padre ni a mí.
Mas os he dicho estas cosas, para que cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os había dicho".(Véase Juan 16 :1-4).
Quizás una de las manifestaciones más claras de que este período de obscuridad espiritual se produciría tras la partida de Jesús, se encuentra en unos versículos de la segunda carta de Pablo a los Tesalonicenses: "Pero en cuanto a la venida de nuestro Señor Jesucristo, y nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos, que no os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar, ni os conturbéis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el día del Señor está cerca.
Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios".(Véase 2 Tes.2:2-3)
Pero ¿cuándo comenzó este período de apostasía específicamente?. Comenzó en el período de los apóstoles, pues como se les comisionó a ir por todo el mundo y predicar a toda criatura, judío como gentil, estos no podían permanecer en una sola ciudad cuidando y apoyando a los santos, ni dirigiendo a cuantos se habían bautizado, pues esto hubiera ido en contra del mandamiento que el propio Jesús les dejó antes de partir. Por tanto los apóstoles nombraron élderes (ancianos) presidentes u obispos para que dirigieran los asuntos locales de la Iglesia en su ausencia. Por ejemplo, Tito era presidente en Creta, Timoteo presidía en Efeso. Así la Iglesia comenzó a crecer rápidamente estableciéndose varias ramas en diferentes lugares. En cada una de estas nuevas ramas existía un oficial responsable sobre el cual descansaba la autoridad y el poder del sacerdocio y tenían a su cargo la ministración del evangelio y la administración de los sacramentos como la Santa Cena. Los Apóstoles visitaban muchas de estas ramas y escribían cartas a aquellos miembros de la naciente Iglesia, no obstante tenían la jurisdicción general de toda la obra.
El progreso se interrumpió a raíz de la persecución que sufrieron los miembros de la Iglesia, muchas fueron las aflicciones y los dolores que los recién conversos tuvieron que sufrir incluso a manos de hombres perversos. Este proceso ya se había iniciado en los días en que vivía el salvador (Véase Mateo 11:20-23).
Los nuevos cristianos sufrieron persecución, primero por parte de los propios judíos, y mas tarde a manos de los romanos, esto produjo que cesaran las reuniones entre los miembros de la Iglesia y la sucesión de los puestos vacantes.
Finalmente sólo Juan quedó como único vestigio de la Iglesia que había instaurado originalmente Jesús, esto debido a la gloriosa promesa que el Salvador le hizo antes de su partida (Véase Juan 21:22-23). No obstante fue perseguido, apresado, encarcelado, hasta intentaron matarlo con aceite hirviendo, desterrado a la Isla de Patmos. Todos sus compañeros fueron muertos uno a uno: Judas se suicidó (Véase Mateo 27:3-5); Felipe fue crucificado en Heliópolis, en Frigia en el 54; Mateo fue decapitado en Etiopía en el 60; Santiago el menor fue golpeado y apedreado hasta morir por lo judíos; Matías, quien fue llamado en lugar de Judas, fue apedreado en Jerusalén; Andrés, el hermano de Pedro, fue crucificado en Edessa; Marcos fue despedazado en las calles de Alejandría, Pedro supuestamente fue crucificado en Roma; Pablo fue decapitado en Roma por orden de Nerón; Tadeo, el hermano de Santiago, fue crucificado en Edessa en el 72; Mateo fue golpeado y crucificado en India; Tomás, el llamado Didimus, fue asesinado en India; Lucas fue ahorcado en un olivo en Grecia; Simón Zelote fue crucificado en Britania en el 74; Barnabás fue muerto en el 73, aunque no existen muchos detalles de su muerte2.
Después del año 96, año en que muere Dominiciano; Juan que fue el único sobreviviente se retiró del ministerio, después del año 101 no se volvió a saber de él. ¿Porqué no le fue permitido a Juan permanecer en ese lugar?. Porque la iniquidad se había apoderado de casi toda la Iglesia. Fueron cambiadas las doctrinas y las ordenanzas; se menospreció la autoridad del sacerdocio (poder de Dios conferido a los hombres para actuar en su nombre y administrar sus ordenanzas), y aumentó el pecado aun entre los miembros de la Iglesia.
Es importante considerar que todas y cada una de las epístolas de los apóstoles a los miembros de la Iglesia fueron escritas para combatir alguna forma de apostasía que amenazaba la Iglesia. Si son leidas con cuidado este hecho salta a la vista. Algunos de los miembros negaban al Señor, otros ya no creían en la resurrección, las doctrinas de los judíos habían corrompido gran parte del sistema cristiano y la pompa de los ritos paganos se comenzó a ver entre los cristianos. No obstante esto se había predicho3. De la misma forma en que el Maestro se negó a hacer milagros entre los incrédulos de Capernaum, ahora se negaba a dejar sus Doce en un mundo lleno de apóstatas. Por consiguiente, Juan fue tomado entre los hombres.
La Iglesia quedó, por lo tanto, a la deriva, sin un timón, sin alguien que tuviera la autoridad o recibiera revelaciones de Dios, para guiarla. Las ramas que se habían organizado en diferentes partes quedaron al mando de líderes locales y cada uno de esos líderes comenzaron a obrar por su propia cuenta. Los cristianos fueron considerados traidores al imperio y perseguidos, lo que los obligó a esconderse.
Se mezclaron muchos principios de las filosofías griegas con las verdades más básicas y fundamentales del evangelio, la doctrina de Dios fue cambiada, se incorporó desde Egipto el culto a la virgen María, se sumó el gnosticismo y el neoplatonismo que obscurecieron aún más el evangelio de Jesús, se agregaron rituales dramáticos no cristianos, nació una misa plena de oraciones, salmos, repeticiones y recitaciones.
El cristianismo no destruyó el paganismo; más bien lo adoptó. El idioma griego que por siglos dominara el quehacer intelectual de los hombres vino a instaurarse como el idioma oficial de la Iglesia Cristiana, y así se sumaron los misterios griegos a la misa.
Celo, intriga y ambiciones personales se suscitaron dentro de la Iglesia misma.
Esta condición continuó agravándose por doscientos años después de la desaparición de Juan el amado. La Iglesia se vio dividida en distintas maneras. Cesó la conformidad respecto de la doctrina. La creencia fundamental sobre la naturaleza y ser de Dios llegó a ser la causa de una disputa mayor. Las ordenanzas sencillas, tales como, el bautismo, se tornaron en temas de debates. No sólo se cambió la forma del bautismo, sino a la vez el propósito. También por esa época se introdujo la doctrina de que no hacía falta la autoridad divina para efectuar el bautismo. Se inició la práctica de bautizar a los infantes. Los esfuerzos de algunos obispos por tener ascendiente sobre otros fueron el motivo de rencores y el derrame de sangre.
Cuando menguó la persecución, por parte del gobierno, la Iglesia nuevamente aumentó en número, debido en parte a que aceptó las opiniones y prácticas populares de las iglesias paganas del día, y en parte a que relajó sus propias normas.
"Llegó entonces la época de Constantino el Grande. Con la mira de obtener la ventaja política -y no porque se había convertido, pues continuó adorando el sol casi toda su vida y no se bautizó como cristiano sino hasta veinticinco años después-4 pensó lograr algunos beneficios políticos patrocinando la religión cristiana. Opinaba que con la renovada popularidad del ahora alterado cristianismo, éste llegaría a ser la religión de lo futuro.5
Habiendo terminado recientemente una extensa guerra civil, le pareció que una religión de estado tan popular como el cristianismo le ayudaría a solidificar su imperio. Por consiguiente otorgó su protección a la religión cristiana. No tardó el emperador el convertir el así llamado cristianismo de su época en la religión de sus dominios, y la devoción celosa a la Iglesia llegó a ser la manera más segura de granjearse el favor imperial. Para entonces la Iglesia era principalmente una institución apóstata, y aún el más elemental bosquejo de su organización y servicios difícilmente se parecía a la Iglesia de Jesucristo, fundada por el Salvador y edificada por conducto de sus apóstoles. Los vestigios del cristianismo genuino, que antes pudieron haber sobrevivido en la Iglesia, ahora quedaron ocultos de los ojos de los hombres por causa de los abusos que resultaron de la elevación de la organización eclesiástica a una posición de eminencia secular tras el decreto de Constantino. El emperador, a pesar de no estar bautizado, se hizo nombrar cabeza de la Iglesia, y los puestos sacerdotales llegaron a gozar de mayor preferencia que los grados militares o nombramientos del estado. El espíritu de apostasía que había impregnado la Iglesia antes que Constantino la rodeara con el manto protector imperial y la ensalzara con la insignia del estado, ahora despertó con actividad intensificada, y la levadura de la propia hechura de Satanás se diseminó en las condiciones más favorables para su fungoso desarrollo.
El obispo de Roma ya había establecido su preeminencia sobre sus compañeros en el episcopado; pero cuando el emperador convirtió a Bizancio en su capital y le dio en su honor el nombre de Constantinopla, el obispo de esta ciudad pretendió la misma categoría que el pontífice romano. Se impugnó la pretensión; la disensión resultante dividió la Iglesia, y el cisma ha persistido hasta el día de hoy , como lo manifiesta la distinción existente entre la iglesias católicas romana y griega.
El pontífice romano asumió la autoridad secular así como la espiritual"6 y el cisma de la naciente Iglesia católica fue completo, es decir, la división y la ruptura al interior de la que proclamaba ser la iglesia del primogénito fue evidente. La situación se agravó aún más cuando la sagrada ordenanza del bautismo fue cambiada. Misma que en un comienzo fue concebida a manera de símbolo de la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo, pues al sumergirse la persona bajo el agua simbolizaba el fin de una vida llena de pecados y su salida de la misma significaba la resurrección, es decir, un nuevo comienzo dado por Jesús a quienes se arrepentían y confiaban en él para su redención. Esta ordenanza sagrada fue cambiada por el rito de la aspersión que consistía en mojar la cabeza de quien se presentara para el bautismo incluyendo a niños y moribundos que aceptaban a última hora a Jesús, sin la posibilitad de ejercitar el verdadero arrepentimiento7.
Así también se agregaron nuevas doctrinas que no hicieron más que alejar a quien pudiera buscar de corazón la verdad dejada por el Salvador, tales como la Transubstanciación, ordenanza por la cual el sacerdote transforma literalmente el pan y el vino en carne y sangre del Señor Jesús. Así también la Supererogación que daba al sumo pontífice la facultad de administrar todos aquellos hechos buenos que los hombres habían hecho en este mundo y que podían excedían el mínimo requerido para la salvación del alma, así este cúmulo de acciones buenas excedentes eran administrados por el Papa quien podía entregarlas a aquellos feligreses que durante su vida no hubieran completado las acciones buenas que eran requeridas para su salvación, así si una persona podía ser capaz de desprenderse de una suma importante el segundo antes de su muerte que demostrara su desapego a las cosas materiales y que de paso beneficiaria a la Iglesia, de seguro estaría salvando se alma. Así también nació la venta de las indulgencias o el perdón divino a quien pudiera comprarlas. La doctrina del purgatorio que no tiene un asidero firme a lo largo de todas las escrituras. Se promulgaron doctrinas relativas al cuerpo humano que dieron al divinamente formado templo de carne la apariencia de no ser sino un objeto digno del tormento y del desprecio.
Un símbolo claro de esta obscuridad en la que la humanidad se había sumido -predicha por Isaías- "Y la tierra se contaminó bajo su moradores; porque traspasaron las leyes, falsearon el derecho, quebrantaron el pacto sempiterno."8, fue el atraso cultural en el que se sumió por varios siglos. La misma explicación de la persona de Dios, del Hijo y del Espíritu Santo dada por la Iglesia Católica tras el Concilio de Nicea en la conocida proclamación llamada "Símbolo de Atanasio": "Adoramos a un Dios en Trinidad, y Trinidad en Unidad; ni confundiendo las personas, ni separando las substancias. Pues ciertamente una es la persona del Padre, una la del Hijo y una la del Espíritu Santo; pero la divinidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo es una. la gloria igual, la majestad coeterna. Cual el Padre, tal el Hijo, y tal el Espíritu Santo; el Padre increado, el Hijo increado y el Espíritu Santo increado; el Padre infinito, el Hijo infinito y el Espíritu Santo infinito; el Padre eterno, el hijo eterno y el Espíritu Santo eterno; y sin embargo no son tres eternos, sino un eterno; igualmente no son tres increados, ni tres infinitos, sino un increado y un infinito; así también el Padre es omnipotente, el Hijo omnipotente y el Espíritu Santo omnipotente, sin embargo, no son tres omnipotentes, sino un omnipotente; y así el Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios, y sin embargo, no son tres Dioses , sino un Dios; así también el Padre es Señor, el Hijo es Señor y el Espíritu Santo es Señor; y sin embargo, no son tres Señores, sino un Señor."
Entonces sigue esta singular confesión de lo que al mismo tiempo es requerido por la "verdad cristiana" y prohibido por la "religión católica": "Porque así como la verdad cristiana nos compele a reconocer a cada una de estas Personas de ser en sí misma Dios y Señor; así también la Iglesia Católica nos prohibe decir que hay tres Dioses o Tres Señores."
Esta aclaración se contrapone directamente con el pasaje de Marcos 1:9-11 en el que los tres personajes aparecen por separado cumpliendo con lo que las escrituras habían predicho. Una verdad que es simple de entender; que Dios, el Padre es distinto al Hijo y también al Espíritu Santo, que son tres personajes y no uno solo. Son Elohim, el Gran Jehová y el Espíritu Santo quienes componen la Primera Presidencia de los cielos.
El nombre de la Iglesia católica surge en el año 110 en el que san Ignacio de Antioquía escribiendo a los Santos de Smirna usa esta palabra para referirse a los miembros de la Iglesia, ahora bien, qué nombre se supone que debe llevar la Iglesia del primogénito sino su nombre?. Existen iglesias que han tomado su nombre de las circunstancias de su origen, esto es, a partir de la Reforma iniciada por Lutero, tales como la iglesia de Inglaterra o Anglicana; otras llevan el nombre de sus fundadores o promulgadores, como la luterana o calvinista, wesleyana; algunas son conocidas por la singularidad de sus doctrinas o plan de administración, como la metodista, presbiteriana, bautista, congregacional, pero hasta la tercera década del siglo diecinueve no existía sobre la tierra una iglesia que afirmara llevar el nombre o título de la Iglesia de Jesucristo9.
Es evidente que la apostasía ha invadido el mundo y extraviado a los que de corazón sincero desean encontrar la única verdad que el hombre puede imaginar: Dios.
Una de las formas de encontrar la Iglesia del Primogénito en medio de todas las iglesias existentes10 es investigar cada una de las doctrinas que ellas presentan, pero eso sería muy complicado. La otra forma es poner a prueba la invitación de Santiago 1:5-6 "Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da abundantemente y sin reproche, y le será dada.
Pero pida con fe, no dudando nada;"
Es entonces esta una invitación para investigar la Iglesia de Jesucristo y buscar la verdad a través de la oración y oyendo los pequeños susurros del espíritu.
Cristo en América
Una de las maravillas que la restauración del Evangelio Sempiterno trajo a luz, fue el conocimiento de la ministración en la carne de nuestro Señor Jesucristo al pueblo que habitaba el continente americano en el año 34 de nuestra era. Este conocimiento viene a abrir una puerta que si bien se mantenía cerrada hasta 1830, año en que salió a luz el Libro de Mormón, muchos sabio y estudiosos ya presentían, merced a las numerosas evidencias arqueológicas presentadas por las numerosas culturas precolombinas que poblaron el nuevo continente
Al respecto son numerosos los relatos de un Dios Blanco en la América antigua que incluso se ha preservado a través de generaciones de indígenas desde Chile hasta Alaska, y significativamente ha persistido en igual manera entre los polinesios desde Hawai hasta Nueva Zelanda. Al respecto Paul Hermann dijo en su libro Conquest by Man (La conquista del Hombre): “Considerándolo cuidadosamente, no nos queda otra alternativa que llegar a la conclusión de que el Dios Blanco Quetzalcóatl fue una persona verdadera; que no fue ni invención de la propaganda española ni una creación de la imaginación indígena” (pág. 172).
Este ser era conocido como Quetzalcóatl en partes de México principalmente en la región de Cholula; como Votán en Chiapas y Wixepechocha en Oaxaca; como Gucumatz en Guatemala; como Viracocha y Hiustus en el Perú; como Sume en el Brasil; y como Bochicha en Colombia.
Entre los antiguos habitantes del Perú también era conocido como Con-tici o Illa-tici significa al mismo tiempo Creador y la Luz. Entre los mayas era principalmente conocido como Kukulcán.
En las islas polinesias era Lono, Kana, Kane, o Kon, y a veces Kanaloa -la Gran Luz o Gran Fulgor. También era conocido como Kane-Akea, el gran Progenitor, o Tonga-roa, el dios del sol del océano.
Sin duda que lo que tienen en común éstas culturas, aparte de su misteriosa procedencias, es su evolución cultural, la elaboración de los más diversos instrumentos, los conocimientos de Astrología, de agricultura y una particular escala de valores. La mayoría de sus relatos coinciden en que un Dios con la forma de un hombre blanco permaneció entre ellos y les enseñó mejores formas de vida, sellando su ministerio y posterior partida con la promesa de volver algún día
A la llegada de Hernán Cortés a México en 1520, Moctezuma lo confunde con el Dios de que hablaba la religión azteca. Así mismo cuando James Cook entró en aguas de las islas Hawaianas, el rey Kalaniopu lo recibe de igual manera.
El Sacerdocio
Sin duda que estos pueblos, principalmente los Aztecas y los Incas poseían en sus culturas un factor privilegiado para la religión, la importancia que la casta sacerdotal ejercía pues es ésta la que ha ejercido influencia más directa sobre la cultura. El sacerdocio es capaz de representar la religión de manera tangible, corporizada en una función estable que forma parte integral de la estructura de la sociedad
Se debe entender el sacerdocio como el poder el cual Dios el creador de todas la cosas, realizó su magna obra y en virtud de los méritos espirituales que un hombre posea, es investido por Dios, a través de alguien por él autorizado, con ésta amplia facultad de ejercer éste poder en beneficio de sus hermanos.
Ahora bien, la existencia de una clase de éste tipo se vincula estrechamente a los orígenes de la civilización. Las primeras formas conocidas de cultura superior en la Mesopotamia y el Egipto ya poseían sacerdocios poderosos y sumamente organizados. Esto no es excepcional: lo mismo se encuentra en todo centro de cultura arcaica, tanto en el Viejo como en el Nuevo Mundo, desde el Egipto hasta el Yucatán; mientras que las culturas secundarias y posiblemente derivadas de un tipo no tan bien desarrollado -como las de la Polinesia, Africa occidental, Nuevo México y Florida- muestran un desarrollo paralelo en un plano inferior.
El sacerdote en la edad media, antes del período de la Reforma, era quién detentaba el poder político y espiritual de la sociedad y era el administrador de “todas las cosas” pues en su calidad de ciervo supuestamente investido por Dios, podía ejercer su autoridad, usando y abusando del poder que se le había conferido. En cierta forma esta conducta, bastante inmoral en sí, fue la que provocó el gran derrumbe del catolicismo más que del cristianismo; y llegó a constituirse en uno de los más importantes hechos culturales de todos los tiempos.
Esta autoridad detentada por algún hombre no era sino producto de una serie de errores cometidos por la Iglesia Católica, pues según señalan las Santas Escrituras, un hombre que no es digno no puede poseer el poder de Dios, ni ejercerlo en virtud de recibir una recompensa, o siquiera pretender detentar dicha autoridad sin haber sido comisionado por Dios para ello. Por tanto cuando los títulos del sacerdocio comenzaron a ser vendidos por el papa a aquellos oportunistas, que con la ambición de granjearse una cómoda posición política y asegurarse un buen pasar, los compraron al sumo pontífice de la iglesia Católica, no hicieron más que confirmar las antiguas profecías que ya hemos revisado al respecto.
Isaías 45:13 dice: "Yo lo desperté en Justicia, y enderezaré todos sus caminos; él edificará mi ciudad, y soltará mis cautivos, no por precio ni por dones, dice Jehová de los ejércitos". De quien habla aquí Isaías es de Jesucristo quien ejercería su ministerio no por precio ni por dones, de la misma manera, los poseedores del sacerdocio tendrían prohibido ejercer su autoridad entre el pueblo a cambio de una paga o un salario
Moisés fue llamado al obrar en el Santo sacerdocio por profecía y la imposición de manos, en Exodo 3:1-10 podemos apreciar que el Señor llamó a Moisés para ser su profeta. En Hebreos 5: 4-10, dice que "nadie toma para sí esta honra, sino el que es llamado por Dios, como lo fue Aarón.". Siendo Jesús mismo Sumo Sacerdote Según el orden de Melquisedec. El hijo de Dios necesitaba también esta autoridad para ejercer su ministerio, sin ella no podría haber efectuado su obra.
En números 27: 18-23 dice: "Y Jehová dijo a Moisés: Toma a Josué hijo de Núm, varón en el cual hay espíritu, y pondrás tu mano sobre él; y lo pondrás delante del sacerdote Eleazar, y le consultará por el juicio del Urim delante de Jehová; por el dicho de él saldrán, y por el dicho de él entrarán, él y todos los hijos de Israel con él, y toda la congregación.
Y Moisés hizo como Jehová le había mandado, pues tomó a Josué y lo puso delante del sacerdote Eleazar, y de toda la congregación; y puso sobre él sus, manos, y le dio el cargo, como Jehová había mandado por mano de Moisés."
Ahora bien Dios castiga y aborrece aquellos actos realizados sin su autoridad. Por ejemplo en 2 Crónicas 26:14-20 El Rey Usías fue castigado con Lepra por asumir roles que correspondían a los hijos de Aarón, que habían sido consagrados para ello.
Coré cometió el mismo error y tanto él como aquellos quienes lo seguían fueron tragados por la tierra. Ellos se rebelaron contra Moisés e intentaron usurpar para sí la autoridad. (Véase Números 16)
En los Hechos de los Apóstoles hay un pasaje que ilustra también esta situación, de cómo hombres que no han sido consagrados, ni llamados por Dios para ejercer esta sagrada autoridad son desechados y aborrecidos por El. En Hechos 19:13-16 dice: Pero algunos de los judíos, exorcistas ambulantes, intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo.
Había siete hijos de un tal Esceva, judío, jefe de los sacerdotes, que hacían esto.
Pero respondiendo el espíritu malo, dijo: A Jesús conozco, y sé quien es Pablo; pero vosotros, ¿quienes sois?. Y el hombre en que estaba el espíritu malo, saltando sobre ellos y dominándolos, pudo más que ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos."
Desafíos del Libro de Mormón
Ocasionalmente escuchará decir, “Yo podría creer lo que usted dice, si no tuviera que tragar el relato acerca de José Smith, y que él tradujo el Libro de Mormón de algunas planchas de oro, que encontró en un cerro. Consideraremos algunos hechos y condiciones con las que tendría que cumplir para que usted o alguien más pudiera producir un registro similar bajo condiciones comparables:
1.- Tiene que tener entre 23 y 24 años de edad.
2.- No puede ser graduado de colegio alguno, de hecho, solamente puede tener 3 años de escuela.
3.- Lo que escriba tiene que estar basado en lo que conoce, no puede hacer una investigación de ningún tipo.
4.- tiene que escribir un libro con 239 capítulos, 54 de ellos acerca de guerra, 21 de historia, 55 de profecía, 71 de doctrina, 17 de misioneros y 21 de la misión de Jesucristo. Además, debe emplear: figuras gramaticales, metáforas, narraciones, exposiciones, descripciones, oratoria, épica, lírica, lógica y parábolas.
5.- tiene que escribir una historia de un país antiguo, tal como Tibet, recorriendo un período de 600 años A.C. hasta 421 años después.
6.- Tiene que incluir en sus escritos la historia de dos naciones distintas y separadas, también con historias de diferentes naciones contemporáneas o grupos de gente.
7.- Sus escritos deben describir las costumbres, cultura e instrucción religiosa, política, social y económica de estas dos naciones.
8.- Tiene que entrelazar su historia con la religión de Jesucristo y el modelo de vida del cristianismo.
9.- Una vez que usted empiece a producir este registro, que abarca más de 1000 años, debe finalizar en aproximadamente 80 días.
10.- Cuando lo termine, no se puede hacer ningún cambio en el texto. La primera edición debe mantenerse firme para siempre.
11.- Después de interrumpir para dormir o comer, si está dictando a un estenógrafo, jamás debe pedir que le lea la última frase o párrafo.
12.- Su registro debe tener alrededor de 566 páginas con más de 510 palabras por página. Tiene que añadir 180 nombres sustantivos propios al idioma inglés. (Shakespeare añadió solamente 30).
13.- Tiene que anunciar que su narración fluida no es ficción, sino un verdadero registro sagrado de la historia.
14.- Debe cumplir concretamente las profecías de la Biblia; aún en la forma más minuciosa en cuanto a su aparición, a quien se daría, y sus propósitos y cualidades.
15.- Tiene que publicarlo a cada nación, tribu, lengua y pueblo, declarando que el la palabra de Dios.
16.- Debe incluir en el registro, esta promesa maravillosa: "Y cuando recibáis estas cosas quisiera exhortaros a que preguntéis a Dios el Eterno Padre, en el nombre de Cristo, si no son verdaderas estas cosas, y si pedís con un corazón sincero, con verdadera intención, teniendo fe en Cristo, Él os manifestará la verdad de ellas por el poder del Espíritu Santo".
17.- Decenas y cientos de miles de personas deben testificar al mundo en los próximos 172 años que saben que el registro es verdadero, porque ellos pusieron a prueba la promesa y encontraron que era la verdad, verdad manifestada a ellos por el poder del Espíritu Santo.
18.- Miles de grandes hombres, gigantes intelectuales, y sabios deben hacerse discípulos de las enseñanzas del registro y del movimiento que origine, al punto de dar su propia vida como testimonio.
19.- No puede haber ninguna imperfección en todo el registro.
20.- Sus descripciones de las culturas de esas civilizaciones de las que escribirá, no son conocidas ni por usted, ni nadie más cuando publique su manuscrito.
21.- En su registro no se puede hacer ninguna declaración absurda, imposible ni contradictoria.
22.- Muchos de los hechos, ideales y declaraciones que nos ha dado como verdaderos en su registro deben ser enteramente inconsistentes, y aún deben ser opuestos directamente a las creencias en un mundo donde se conoce muy poco de estas civilizaciones y sus historias.
23.- Debe invitar a los sabios más capaces y expertos a examinar el texto cuidadosamente. se debe esforzar diligentemente por ver que su libro se entregue en manos de aquellas personas que más desean probar que es una falsificación, y de aquellos más capaces para descubrir cualquier imperfección.
24.- Mediante la investigación, evidencia científica y descubrimientos arqueológicos, en los próximos 172 años todas sus declaraciones deben ser verificadas, aún en los detalles más diminutos de su historia.
25.- Después de 172 años de análisis extensivos, ninguna proclamación o hecho del libro es contradicha, sino que todo es reivindicado.
26.- Las profecías internas y externas del libro deben confirmarse y cumplirse en los próximos años.
27.- Tres testigos honestos y acreditables, deben testificar a todo el mundo que un ángel de los cielos les apareció y les mostró los anales antiguos de los cuales usted proclama que su registro fue traducido.
28.- debe llamar de los cielos la voz del Redentor para declarar a los tres testigos que su registro es verdadero y que es responsabilidad de ellos testificar lo mismo y ellos lo hacen. Ellos deben palpar y sentir los grabados del registro.
29.- Ocho testigos más deben testificar al mundo que vieron los anales antiguos en pleno día y que los palparon y percibieron los grabados de ellos.
30.- Los primeros tres y segundos ocho testigos deben dar sus testimonios, no por provecho ni por ganancia, sino bajo sacrificio personal y persecución grave y severa, cada uno aún hasta su muerte.
31.- Debe encontrar a alguien que financie su libro con el entendimiento de que ni él ni usted recibirá jamás compensación alguna por hacerlo. Debe vender el libro al costo o menos del valor de su producción.
32.- Finalmente después de sufrir persecución y ultraje por los siguientes 20 años luego de la publicación de su libro, usted voluntariamente debe dar su vida como testimonio de que su registro es de Dios.
Seguramente nadie, sin la ayuda del Señor, hubiera podido producir un registro similar, cumpliendo con todas las condiciones nombradas. ¿No diría usted que José Smith fue verdaderamente un hombre de Dios y que fue un instrumento en las manos de él para sacar a luz este registro?.

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