"...NO PUEDE HABER MAS BIBLIA." (parte 1) por Hugh Nibley*
Aferrándose a lo Imposible: Las Objeciones Clásicas en Contra del Libro de Mormón.
La primera línea defensiva contra el Libro de Mormón, una barricada dispuesta incluso antes de que saliera de la imprenta, era la acusación de que dado que la Biblia es la más absoluta, infalible, perfecta y definitiva Palabra de Dios, calificar cualquier otro texto como santa escritura no podía ser más que elevarse a la altura de la blasfemia. Sin embargo era cosa fácil, tanto para Orson Pratt como para algunos otros, "exponer claramente este popular, aunque fatal error, inventado por la casta sacerdotal en las primeras épocas de la apostasía y heredado por generaciones subsecuentes. No necesitamos repetir aquí la evidencia publicada por los comentaristas de la Santa Palabra que siempre han pensado de la aparición de la palabra de Dios para los hombres como un asunto de duración indefinida en el que Dios es libre de hablar cada vez que así lo decida, sin importar cuán renuentemente los hombres estén dispuestos a otorgarle ese privilegio, ya que la proposición es aceptada fácilmente por los eruditos cristianos en la actualidad.
La segunda ofensa mortal del Libro de Mormón era la admisión en la introducción de que éste registro, traducido "por el don de Dios," posiblemente podía contener errores. ¿Errores? ¿En un libro revelado por el poder de Dios? Otra concepción blasfema. Incluso hoy, los eruditos de la Biblia aceptan esta aseveración tan fácilmente como lo hicieron con la primera y trabajan infatigablemente día y noche para aparecer en las manos con un texto de la Santa Biblia mas correcto que cualquier otro hasta ahora disponible. La ¡dea de que un libro pudiera contener muchas cosas que son verdaderas y de Dios y al mismo tiempo muchas cosas que son falsas y de los hombres fue una que católicos y protestantes por igual encontraron perfectamente impensable en los días de José Smith, aunque la mayoría de los estudiosos de la Biblia lo aceptan hoy en día. Y si la posibilidad del error humano es otorgada ¿por qué la ¡dea de ediciones corregidas del Libro de Mormón debería ser ofensiva? Ediciones revisadas y mejoradas de la Biblia constantemente están saliendo de la imprenta y, por otra parte, los mormones nunca han creído en un libro infalible o en algo infalible en lo que el hombre haya colocado su mano. Dios permite a los falibles humanos ser copartícipes con El en ruta hacia una lejana y distante perfección; sin embargo, está consciente de que se cometerán innumerables errores durante el trayecto.
¿Por qué entonces los críticos se han escandalizado y deleitado al descubrir que la segunda edición corregida del Libro de Mormón tenía más errores que la primera? Durante años quien esto escribe empleó únicamente la primera edición en sus clases y sigue siendo, por mucho, la mejor de ellas. Está llena de errores, pero son errores obvios. De acuerdo con el impresor J. H. Gilbert, José Smith le solicitó dejar la gramática intacta, ya que "el Antiguo Testamento no es de naturaleza gramatical." Como veremos mas adelante, los recientes estudios sobre los profetas del Antiguo Testamento muestran que a menudo mezclaban personas, números y tiempos verbales
En un apasionado discurso, exactamente como lo hace Abinadí en las páginas 182 y 183 de la primera edición del Libro de Mormón. Por otra parte, el profeta le dio a Gilbert completa libertad en cuanto a la puntuación y a la ortografía: "El Manuscrito," dice el impresor, "era un párrafo corrido de principio a fin, sin signos de puntuación." ¡Imagínense seiscientas páginas de eso! ¿Cómo puede esto explicarse de algún otro modo excepto por la suposición de que el texto era de hecho dictado palabra por palabra de un hombre a otro? No era un ardid o broma, ya que nadie excepto el impresor fue quien lo menciona y estaba autorizado para corregir el manuscrito en las partes en las que lo considerara necesario. El manuscrito usado por el impresor ahora se encuentra a nuestra disposición, mostrando que el Sr. Gilbert se tomó ciertas libertades con el texto. ¿Estamos dispuestos a creer que José Smith es responsable cuando leemos en la página 69 de la primera edición cinco líneas abajo, "porque mi alma se deleita en las escrituras" mientras que apenas dos líneas antes se lee "he aquí, mi alma se deleita en las escrituras? Ya que el impresor mismo admite que estaba autorizado para corregir la ortografía ¿no es culpable por colocar cinco líneas antes del final de la página 180: "Lamoni le dijio" y en la línea de abajo "ahora cuando Lamoni le hubo dicho."? (Al. 20: 11, 13) ¿O a quién hacemos responsable por el vocablo "gemte" presente en la página 127, dado que la palabra había sido deletreada apropiadamente cientos de veces? Si el impresor estuvo trabajando en la corrección ortográfica del trabajo realizado por Oliverio Cowdery debió corregir estos errores; si no, el mismo Oliverio Cowdery obviamente había cometido un desliz y cualquier editor tendría plena libertad de corregir tal dislate y no solo eso, estaría obligado a ello. Sea que el impresor elija agregar o suprimir un guión o una coma, el asunto del empleo adecuado de los signos de puntuación es una responsabilidad que atañe única y exclusivamente a él. "Había errores de impresión," escribiría José Smith y aun así mucha gente, en un dramático gesto, aun crispa y se estruja las manos con horror, como si no hubiera errores de esta naturaleza que pueden encontrarse en casi cualquier edición de La Biblia.
Un error de impresión ocasional en la Biblia no perturba a nadie; tanto porque es factible su existencia como por la facilidad de su corrección. Los cambios en las palabras empleadas para clarificar el idioma también son causa de ofensa. "A-going" y "a-journey" (términos presentes en la página 249 de la primera edición en inglés del Libro de Mormón) eran perfectamente de uso común para la época y lugar en que vivió José Smith, pero actualmente han caído en desuso: consecuentemente han sido reemplazadas en las ediciones subsecuentes para evitar confundir a la joven generación, aunque en opinión de quien esto escribe "a-going" y a-journey" presentan una musicalidad y matiz agradables -mi abuela siempre hablaba así. En la Biblia en inglés muchas palabras se encuentran escritas con letra cursiva (itálicas); se trata de palabras que no se encontraban presentes en el texto original y que varían edición tras edición: Han sido puestas ahí por los traductores en un intento por comunicar tan claramente como sea posible lo que ellos creen y suponen que eran las ¡deas que los escritores originales tenían en mente. De manera que ya en el mismo segundo versículo del Génesis de la versión del Rey Santiago de la Biblia encontramos el vocablo "estaba" escrito en letra cursiva o itálica -debido a que en el texto hebreo la palabra "estaba" simplemente no existía, pero para redondear mas apropiadamente la ¡dea se ha colocado ahí. Si los hombres pueden tomarse tantas libertades con la Biblia y al mismo tiempo considerarla como un libro infalible ¿Por qué no habríamos de permitirnos las mismas libertades con el Libro de Mormón, del cual nadie ha sostenido que sea infalible?
Si se examina la larga lista de cambios realizados en varias de las ediciones del Libro de Mormón se encontrará que en ningún caso ni el menor de ellos altera en lo absoluto el significado de algún pasaje. Cierto; admitimos que en dos ocasiones José Smith agregó algunas palabras en la segunda edición: deberían estar escritas en cursiva para indicar que su presencia en el texto solo obedece a manera de ayuda necesaria para explicarlo con mayor claridad, no para cambiarlo. En la primera edición, se hace mención de María como "la Madre de Dios, según la carne" (1 Ne. 11:18); la posterior inserción de la frase "el Hijo de Dios" simplemente tiene por objeto dejar en claro que se refiere al segundo integrante de La Trinidad, ya que durante las controversias teológicas efectuadas en la Edad Media, la expresión "Madre de Dios" poseía una especial connotación; connotación que aun es válida para muchos Cristianos.
Tres versículos mas adelante (1 Ne. 11:21), encontramos la declaración de los ángeles, "¡he aquí el Cordero de Dios, sí, el Padre Eterno!" ha sido aumentada en ediciones posteriores a "el Hijo del Padre Eterno" para evitar confusiones: en este versículo el Padre Eterno posiblemente está conectado no al vocablo "cordero," sino al término "Dios" -El es el cordero de Dios el Padre Eterno. Sin embargo, dado que esto no sería obvio para muchos lectores, así como para evitar confusiones y preservar el sentido original del texto, la expresión "el cordero de Dios" es hecha un equivalente de la locución "el hijo del padre eterno." Ambas ¡deas son absolutamente correctas y no existe conflicto entre ellas. De la misma forma, en la segunda edición se agrega la frase "o...aguas del bautismo" al enunciado "aguas de Judá" de la primera edición (1 Ne. 20:1) a modo de clarificar -nunca cambiar- lo que el redactor tenía en mente.
En ocasiones los revisores de ediciones posteriores del Libro de Mormón han efectuado ciertas "correcciones" que hubieran sido mejor no haber tocado. Es entonces que un esforzado editor, en su intento de visualizar y racionalizar un práctico sistema de ventilación para las naves jareditas, omite una buena cantidad de palabras de naturaleza significativa que aparecen en la primera edición; la que, si fuera cuidadosamente analizada, pareciera ofrecer una muchísima mejor explicación para el "aire acondicionado" de las naves que la que puede deducirse de la información presentada en Éter 2:17-20 de nuestras ediciones contemporáneas. Por otra parte, ¿era indispensablemente necesario cambiar el nombre de Benjamín (en la primera edición) por el de Mosíah en las ediciones posteriores de Éter 4:1? Probablemente no; ya que aunque es cierto que Mosíah era el custodio de los anales en cuestión, no por ello es menos cierto que su padre, Benjamín, no hubiera tenido al menos algo que ver con su conservación. Fue Benjamín quien mostró un celo y devoción totales en cuanto al estudio y conservación de los anales; después de ceder el trono del reino a su hijo Mosíah, bien pudo haber continuado viviendo lo suficiente como para pasar muchos días sumergido en el mar del conocimiento proporcionado por sus amados anales. Y con toda seguridad entre esa imponente colección de anales se encontraban ya los registros jareditas, que fueron llevados a Zarahemla a principios del reinado de Mosíah; época en la que su padre, insistimos, aun podría haber estado con vida (Mos. 8:9-15).
La primera edición del Libro de Mormón, a pesar de ser la más inteligible, no se constituye como la versión estándar actual. Esto se debe a que presenta dificultades en su manejo debido a su formato consistente en largos capítulos y carente de la estructura dividida en versículos numerados, así como una sintaxis gramatical que a menudo puede parecer perturbadora. Perturbadora tal vez, pero jamás engañosa -ése es el punto. Mucho del material del Nuevo Testamento está redactado en griego rústico y los antiguos paganos frecuentemente se mofaban del analfabetismo y la mala gramática de los discípulos; sin embargo, en nuestra Biblia la gramática es meticulosa, prolija y escrupulosamente correcta. ¿Tal circunstancia implica serios y deleznables indicios de manipulación? No, al menos no más de lo que la exigua habilidad en el manejo de la gramática de los antiguos Apóstoles era esgrimida como prueba fehaciente de que eran hombres faltos de inspiración divina. De cualquier modo, la pobre gramática de José Smith es útil para demostrar, como en el caso de los Apóstoles, que las palabras inspiradas de los profetas nunca han sido producto del academicismo o la invención reservada y propiedad exclusiva de hombres hábiles e ingeniosos.
El Libro de Mormón reclama haber sido escrito con "palabras sencillas": su significado siempre es claro. Casi al final de su vida, José Smith proclamó que era el libro más correcto sobre la tierra. ¿El más correcto en qué sentido? El texto de Tom Sawyer es mucho mejor asimilado que La Biblia, pero ¿de lo anterior debe inferirse que Tom Sawyer es un libro más "correcto"? ¿Qué debe entenderse por libro "correcto"? ¿Uno con sus márgenes distribuidos apropiadamente, encuadernado adecuadamente, con un índice útil y precisa paginación? Desde luego que no; esto tan solo constituye un cúmulo de simples detalles de carácter técnico, como podrían serlo también la puntuación, la ortografía e incluso la gramática -aquellos aspectos que los críticos del Libro de Mormón han abrazado en conjunto. Probablemente un libro de ciencia únicamente puede ser realmente correcto en el sentido de transmitir perfectamente información precisa: en este punto es precisamente en el que debemos recordar la advertencia de Karl Popper: "Toda afirmación de naturaleza científica debe permanecer como de carácter provisional por siempre." De manera que una declaración científica ponderada hoy como correcta no lo será necesariamente el día de mañana. El libro mas correcto del mundo es aquel en el que se lleguen a encontrar la menor cantidad de afirmaciones incorrectas después de haber comparado y revisado todos los libros del mundo. Naturalmente que nadie puede saber qué libro podría ser éste, a menos que uno lo sepa mediante la revelación. Sin embargo, una aseveración sobre el Libro de Mormón hecha por su traductor invita a realizar un examen más minucioso sobre el particular. Examen al que intentamos contribuir.
Tratando de apuntalar el débil argumento de la unicidad de la Biblia, los opositores al Libro de Mormón siempre han dependido en gran medida de la creación de vigorosas invectivas en contra del carácter y personalidad de José Smith. El procedimiento comúnmente aceptado siempre ha sido argumentar que ya que José Smith fue un bribón, el Libro de Mormón debe necesariamente ser un fraude; mientras que la prueba de su bribonería descansa directamente en el supuesto hecho de que él produjo el Libro de Mormón.
Actualmente ya no nos es posible observar el asunto considerado desde la ventajosa perspectiva tanto de amigos como de enemigos de José Smith, los cuales a pesar del antagonismo en el que la situación los ha colocado, coincidirían en jurar haberlo conocido personal e íntimamente. Podemos, en efecto, examinar la reputación de los testigos como lo intentamos hacer en la obra Los Fabricantes de Mitos, pero todo lo referente al carácter de José Smith se ha reducido a un asunto de tipo académico. Por otra parte, ahora disfrutamos de ciertas ventajas para someter a prueba al Libro de Mormón que les fueron negadas a generaciones anteriores. Toda la discusión se ha trasladado por completo a un escenario radicalmente diferente, aunque los críticos del Libro de Mormón aun están desesperadamente determinados a mantenerla en el antiguo. Cuán drásticamente han cambiado las cosas puede ¡lustrarse al comparar la posición adoptada por el clero hace cien años con la que han tomado sobre el mismo asunto actualmente. En aquella época argumentaban que el Libro de Mormón no podía ser verdadero porque su existencia refutaba la mayoría de los dogmas de la fe Cristiana. Actualmente esos dogmas en particular están siendo revisados toda vez que las iglesias empiezan a enseñar las mismas cosas que, cuando venían de los mormones, les escandalizaban.
Echemos un vistazo a un debate público que edificó a una multitud veraniega presente en el acto llevado a cabo en Boulogne-sur-Mer en el cálido mes de Julio del año de 1850. Los ministros de tres prominentes denominaciones habían enviado al élder John Taylor y a sus tres acompañantes, quienes se encontraban trabajando en la Obra Misional, "un respetuoso reto público para reunimos en torno a un debate público y abierto;" en el intentaban demostrar que (1) José Smith era "un blasfemo y vulgar impostor," (2) que el Libro de Mormón era "una sarta de estupideces sin sentido" y (3) que el pretendido llamamiento divino de los propios élderes era un perfecto fraude. Otros tres ministros fungieron como jueces. La parte acusadora fundamentaba su alegato en los escritos del reverendo Henry Caswall, el profesor Turner y John C. Bennett. Esto le dio al élder Taylor una ventaja peculiar, ya que no solamente había intimado profundamente con José Smith, sino que además había conocido personalmente tanto a Caswall como a Bennett, en tanto que sus oponentes jamás los habían visto siquiera.
"Con respecto al Sr. Caswall," dijo el élder Taylor, "estuve presente en Nauvoo cuando él la visitó. Llegó con el propósito de buscar el mal...Vi al Sr. Caswall en la oficina de la imprenta de Nauvoo." Aquí viene lo interesante; al examinar la historia de Caswall hace algunos años hubiéramos sido incapaces de hallar un testigo ocular de su visita, pero aquí tenemos a uno. Incluso tenemos un reporte del famoso episodio Psalter. "Tenía un manuscrito antiguo y manifestaba estar ansioso por saber qué era. Lo miré y le dije que creía que era un manuscrito griego. En su libro, Caswall declara que era un manuscrito escrito en griego psalter, pero que ninguno de los mormones presentes le dijo lo que era. Lo anteriormente mencionado es una falsedad, porque yo se lo dije". Es significativo que en una versión posterior de su historia, publicada algún tiempo después de esta discusión, Caswall cambió su historia y menciona a José Smith, quien en su primera versión dice que dijo, "eso no es griego," y ahora dice que dijo "algo de eso es griego." En nuestro estudio mostramos que en efecto había algo sumamente sospechoso con relación a la versión de Caswall sobre el "episodio psalter" en la que detectábamos una trampa mas que obvia para hacer caer a José Smith; una trampa que nunca funcionó, aunque el reverendo Caswall desarrolló astutos y vigorosos esfuerzos para probar que así fue.9 Y ahora tenemos una interesante confirmación a nuestra teoría del engaño.
Era la tercera noche de la gran discusión. Los ministros, que habían apostado a ganar mediante el testimonio de Caswall, esa noche llevaron consigo un manuscrito para poner a prueba el conocimiento sobre el griego del élder Taylor. Eso era irrelevante, desde luego, ya que el reclamo del élder Taylor no era en el sentido de haber demostrado que el manuscrito en poder de Caswall era de origen griego o que su identificación era correcta, sino únicamente en el sentido de que él había dicho que creía que era griego. Sin embargo, los ministros pusieron ante el élder Taylor tres enunciados escritos en caracteres extraños y le preguntaron si podía decirles cual de los tres estaba escrito en griego:
Élder Taylor. -Es éste, creo (señalando el primer enunciado).
Sr. Cleeve. -No hay ni una letra en griego aquí; es un verso escrito en japonés (risas y confusión)
Élder Taylor. -Eso ciertamente tiene la apariencia de griego.
Mr. Groves [otro ministro; diferente de los tres que integran la parte acusadora] -A mi me parece que es mucho mas parecido al hebreo...
Un caballero presente. -Permítame verlo. Soy graduado de Oxford y declaro que aquí hay caracteres griegos y que cualquier persona que no esté familiarizada con el lenguaje puede fácilmente confundirlo con el griego (gritos: "¡todo esto es un engaño! ¡es vergonzoso!" y mayor confusión)...
Un segundo caballero. -Esta escrito imitando el griego y fue hecho evidentemente ex profeso con la intención de engañar.
Mr. Cleeve. -No hay una sola letra en griego aquí.
Primer caballero. -Declaro que sí las hay, señor y no se me puede contradecir. (confusión)
A tan desesperadas medidas recurren los hombres del clero en su afán de desacreditar el Libro de Mormón. Aquí tenemos una demostración suficientemente evidente del tipo de cosas de las que Caswall es capaz. Si la discusión no condujo a nada mas, por lo menos dejó en claro las posiciones asumidas por ambos bandos. Los puntos de vista contrastantes fueron resumidos por el élder Taylor:
¿Tienen apóstoles? No. La ¡dea les parece ridicula. ¿Tienen profetas? No. Ellos les dicen a ustedes que ya no hay más profecía. ¿Tienen pastores, evangelistas y maestros, es decir, hombres divinamente inspirados?. Ellos no creen en la inspiración del espíritu y les dicen que el origen de tal inspiración ha cesado. ¿Hablan en lenguas? No. Ustedes ya han escuchado la forma en que se ridiculiza el hecho [durante la discusión]. ¿Tienen entre ellos profetas que profeticen?No. Ellos le llaman a esto alucinación. Si alguno está enfermo ¿"envían por los élderes de la Iglesia que orarán por ellos y los ungirán con aceite en el nombre del Señor," como dice Santiago?No.
En sus debates los ministros no hicieron más que confirmar todos estos puntos mencionados, incluso con los jueces arbitrariamente de su parte. Pero ¿cuáles serían sus posturas sobre estos mismos temas hoy? Indecisas -aunque pudieran sostenerlas a pesar del paso del tiempo.
*de su obra “Desde Cumorah: El Libro de Mormón en el Mundo Moderno”
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