"...NO PUEDE HABER MAS BIBLIA." (parte 2) por Hugh Nibley*
Aggiornamento: Las Iglesias Ceden Terreno.
Aggiomamento es un vocablo preferido del papa Paulo VI que puede interpretarse como "renovación." Una nueva concepción de la Iglesia, y especialmente de sus dones espirituales, está corriendo de mano en mano con un nuevo concepto de las escrituras, lo que a su vez abre de par en par las puertas para un enfoque totalmente nuevo con relación al Mormonismo y al Libro de Mormón. ¿Qué es lo que ha hecho posible tan extrañas condiciones? Ha sido el descubrimiento de antiguos registros, olvidados por los hombres durante mucho tiempo, pero salidos a la luz pública "desde [el milagroso descubrimiento efectuado en el cerro de] Cumora" en años recientes y especialmente en nuestra propia generación que hacen que la historia de Cumora sea considerada cada vez menos fantástica y al mismo tiempo cada vez más probable con el paso de los años y la acumulación de evidencia. La irresistible fuerza de antiguas voces hablando nuevamente desde el polvo desde el cerro de Cumora, y en especial desde Qumran, está conduciendo en la actualidad a todo el mundo cristiano a través de extraños patrones. "Nadie puede negar," escribe un erudito metodista con fuertes tendencias católicas, "que algo extraordinario está sucediendo en la antiguamente 'inmutable' Iglesia Católica Romana." Nada puede ofrecer mayor indicativo de que se trata ni más ni menos que de una renovación totalmente radical de doctrinas y ordenanzas. Restauración y revelación, términos olvidados durante decenios, se han convertido en las consignas primordiales de una "renovada" cristiandad, tanto católica como protestante.
¿Qué puede ser responsable de tan sorprendente revolución? Dos eruditos, uno de ellos protestante y el otro católico, co-autores de un nuevo libro sobre el Movimiento Litúrgico, han demostrado que el impulso inicial y la presión continua detrás de dicho movimiento ha sido el hallazgo progresivo de documentos de antigüedad insospechada que abren paso a paso a nuevas y extrañas perspectivas de una Iglesia Primitiva mas completa y radicalmente diferente de lo que el Cristianismo convencional hubiera imaginado.
R.P. Marshall, ministro protestante, empieza sus escritos haciendo notar que los protestantes han sido culpables de un rechazo sistemático de ritos y ordenanzas; en efecto, "solo en años recientes el ministerio de culto ha empezado a ser seriamente considerado por los protestantes como prometedor campo de estudio." Por otra parte, el escritor católico M.J. Taylor señala que los ritos de la Iglesia desde hace mucho tiempo han llegado a ser absolutamente inútiles para la gente: "Los hombres parecen incapaces de respetar la sencillez de su naturaleza original. Quieren agregarles lo que la tradición les ha dado;" tales adiciones son "hechas para ofrecer la sensación de un espectáculo...En las liturgias donde obispos y papas celebraban, los cantos llegaron a convertirse casi en sinfónicos...La gente, incapaz de participar en el soporte musical establecido para esos ritos, renuentemente renunció a su papel protagónico declinando en favor de la agrupación coral." Es decir, tanto autoridades católicas como protestantes admiten, abierta y francamente, que sus iglesias en la actualidad se encuentran muy lejos de poseer y oficiar los ritos originales de la Iglesia; el retorno de los cuales el así llamado movimiento litúrgico se ha auto impuesto como primordial objetivo a través de "un esfuerzo práctico...para renovar las vidas de toda la feligresía aquí y ahora mediante el ejercicio de una liturgia revitalizada." Y aquí es precisamente en donde las voces que hablan desde el polvo se dejan sentir, ya que el movimiento dio inicio a partir de esos estudios litúrgicos y patrísticos que revelaban la verdadera naturaleza de la liturgia en los documentos más antiguos disponibles.
Dom Gueranger (1805-1875) del monasterio de Solesmes inició el movimiento, pero aunque él "pensaba que era necesario regresar al pasado,...carecía de los documentos históricos" necesarios para llevarlo, retrospectivamente hablando, lo suficientemente lejos. Por lo tanto, "su renovación regresó, cronológicamente hablando, hasta la época en la que la liturgia romana no era de lo mejor en sí misma."
El avance mas importante sobre el particular fue conseguido en Alemania en el monasterio de María Laach, lugar en el que se "realizó una incuantificable contribución al movimiento litúrgico en lo referente a sus estudios litúrgicos" y "produjeron...una amplia justificación para...la reforma." En resumen, la salida a luz de antiguos documentos o "estudios históricos (doctrinales, litúrgicos y pastorales) dejaron totalmente en claro que nuestra liturgia actual no era lo mas adecuado;" sin tales documentos nadie habría sospechado siquiera sobre la necesidad de "regresar a las antiguas costumbres,...un retorno a la tradición para resarcir los defectos del presente." Una necesidad similar es percibida actualmente por muchos protestantes y, también para ellos, "el movimiento litúrgico ha buscado la ayuda de la historia y la teología en el estudio de los ritos... católicos y protestantes;" Marshall concluye que, "se debe recuperar lo que se ha perdido y perder valioso tiempo lanzando inútiles acusaciones injuriosas al prójimo"
Como es de todos sabido, el mundo se sintió sumamente ofendido por la aseveración expresada por los Santos de Últimos Días en el sentido de que los Cristianos habían extraviado muchos de los antiguos ritos y ordenanzas y se escandalizó y entretuvo con su preocupación con respecto a los ritos y ordenanzas que consideraban esenciales para la salvación.
Actualmente el mundo cristiano admite serias pérdidas y busca llenar el vacío existente volviendo la mirada atrás a los escritos por tan largo tiempo olvidados, de los cuales el mas antiguo e importante ha literalmente surgido del polvo en nuestra propia época. Este asombroso giro de las cosas puede ¡lustrarse mediante las declaraciones, tan característicamente francas y profundas, del papa Paulo VI. "Ahora todo es nuevo, sorprendente, cambiado,"él escribe con relación a la liturgia; "incluso el tañer de las campanas en el Sanctus ha sido dejado de lado." ¡Todo nuevo y cambiado! Eso es, en efecto, sorprendente; pero hay una razón para ello: "Estamos preocupados," escribía el papa en su primera encíclica, "por restituir a la Iglesia ese ideal de perfección y belleza que corresponden a su imagen original... [y tenemos] el deseo de renovar la estructura de la Iglesia por completo."
Cuando los Mormones han hablado sobre una restauración del Evangelio, el sectarismo cristiano ha tomado de inmediato la ofensiva y ha cuestionado el hecho en tono amenazador "¿restauración? ¿qué alguna vez se ha perdido algo?" Pero ahora tenemos que es ni más ni menos que el papa de Roma quien declara que debe haber una restauración que involucre a "¡la estructura de la Iglesia por completo!" Paulo VI habla de "la gran renovación espiritual que el Segundo Concilio Vaticano espera promover" y defiende enfática y enérgicamente "la lucha heroica e impacientemente emprendida en pos de la renovación. La batalla entablada para corregir esos errores introducidos por sus miembros." La Iglesia "en la actualidad...está autoexaminándose y reformulando las cosas que Cristo, su fundador, estableció y nos legó con respecto a ella... La Iglesia debe definir ahora su propia naturaleza...En este sentido, la Iglesia completará el trabajo doctrinal que el Primer Concilio Vaticano proyectaba enunciar."
Para todo aquel familiarizado con la polémica católica de años atrás con respecto a al marcado énfasis puesto en la grande, monolítica, inalterable, universal y victoriosa Iglesia, todo esto le parecerá, en efecto, nuevo, sorpresivo y cambiado. ¿No es un poco tarde para intentar determinar aquello que realmente pertenece a la Iglesia? Debe haber alguna muy buena razón para tan drástico y abrupto cambio de punto de vista y la causa de ello no debe buscarse muy lejos -nuevos hallazgos de antiguos documentos están confrontando al mundo con una imagen de la Iglesia Primitiva que es totalmente diferente de todas las anteriormente previstas, pero una imagen a la que el mundo cristiano del presente debe de alguna forma ajustarse para encajar. Esa no es toda la historia, pero en lo que al movimiento litúrgico en general concierne, se trata indudablemente del primer impulso.
La voz de Qumran parece hacer eco en los términos que, tanto el papa actual (1967) como el concilio ecuménico, han elegido para designar a la Iglesia: "El Pueblo de Dios," "El Nuevo Israel" evocan la imagen de Israel en el desierto; el pequeño grupo de fieles santos que "a menudo parecía un pequeño rebaño." "La Iglesia ha doblado la esquina," escribe el editor del semanario Mundo Católico, "actualmente pertenecemos a una Iglesia que se ha definido a sí misma como el Pueblo de Dios...Vivimos en una época de renovada atención a los dones carismáticos del Espíritu Santo conferidos a toda persona bautizada, con el 'derecho y el deber' de emplear esos dones para la edificación del cuerpo de Cristo."
Eduard Meyer señaló no hace mucho que uno de los aspectos únicos del mormonismo, y ausente por completo del resto de las otras religiones, era la ¡dea de una continuación de los dones carismáticos como patrimonio común de todos los miembros. El "derecho y el deber" en nuestra cita se refiere a una nueva política católica establecida en la cual se exhorta a que "todo miembro sea un misionero": "Nos complace anunciar que el análisis [del proyecto del concilio] constantemente demande que la Iglesia por entero sea misionera y además que cada miembro fiel, en la medida de lo posible, llegue a ser un misionero en espíritu así como en obras."
Actualmente se habla mucho, tanto en las publicaciones católicas como en las protestantes, de revelación e inspiración -¿necesitamos recordar al lector que en un principio consideraban que la revelación continua era el aspecto más nocivo y peligroso del mormonismo? El padre Latourelle menciona que el Segundo Concilio Vaticano es por primera vez en la historia un concilio de la Iglesia que ha considerado metódicamente los fundamentos básicos de revelación, tradición e inspiración. Y ahora se nos informa que "cuando el pontífice romano o el cuerpo del arzobispado en conjunto definen una proposición, lo hacen en comunión con la revelación," de manera que "todo se relaciona y cumple con este principio de la revelación." Infaliblemente, se nos dice, es co-extensivo con el depósito de revelación divina," es decir, las palabras de la Biblia "expuestas con la ayuda del Espíritu Santo." La piedra angular de la autoridad eclesiástica ahora es la revelación y el Espíritu Santo. Sin embargo no siempre fue así. ¿Cuál será el destino de la filosofía escolástica, el mas grande y notable logro de la Iglesia católica, que hasta ahora habia sido oficialmente designada como la llave apropiada para la revelación, es decir, para la exposición correcta de las escrituras? La revelación en sí misma ahora se considera algo mas que la palabra de Dios registrada en la Biblia; las declaraciones oficiales ahora deben ser de alguna manera consideradas como "vinculadas con la revelación." En la actualidad la erudición está pasada de moda e indirectamente la revelación está ocupando cautelosamente su lugar. Inclusive el papa señala a su antecesor Pío XII, abierta, pero cuidadosamente, como un profeta; uno que hablaba "en tono solemne como profeta de Dios y padre del Mundo."
El papel sinérgico desempeñado por los nuevos descubrimientos documentales que inclinan la balanza a favor de tan extraños cambios es evidente considerando cierto número de declaraciones papales: "El papa reconoce que exploraciones, metodologías, excavaciones, documentos, inscripciones, papiros, códices y toda suerte de evidencias de naturaleza reciente, han cambiado por completo los problemas de la exégesis bíblica en los últimos cincuenta años" y pugna por una búsqueda exhaustiva de los textos originales, así como por el desarrollo de un nuevo método científico de exégesis católica. Haciendo notar que "hasta tan ¡lustres comentaristas de la Biblia como San Jerónimo a menudo tenían relativamente poco éxito al explicar las cuestiones doctrinales mas difíciles" de las escrituras, el papa propone ciertos "lineamientos generales para el exégeta," que requieren "el empleo adecuado de las nuevas técnicas exegéticas, particularmente de aquellas que se inclinan por considerar el método histórico como un todo,...contando con el auxilio de la crítica de textos, crítica literaria y conocimientos de lingüística;" por si esto fuera poco, el papa enfatiza la importancia de "prestar oídos a los hallazgos producto de investigaciones recientes" y permitir que "el exegeta católico pueda y deba sentirse libre de ejercitar su propia perspicacia e inteligencia. Únicamente de esta manera cada persona... contribuirá sustancialmente al progreso continuo de la sagrada doctrina."
Aunque esta aparente libertad de investigación actualmente está bajo la estricta supervisión del "magisterio viviente" de la Iglesia y "sujeta a la autoridad y jurisdicción de los Ordinarios," son los eruditos con sus "excavaciones, textos, inscripciones," etc., quienes suministran la información necesaria para decidir qué enseñanzas y ritos de la Iglesia deberían ser considerados auténticos.
Resulta asombroso analizar cuantos de los cambios que están tomando lugar en las doctrinas y ordenanzas católicas y protestantes apuntan en dirección de las mismas cosas que en el pasado siempre acumularon persecución y burla sobre la cabeza de todo Santo de los Últimos Días. Lo anterior puede ejemplificarse con claridad echando un vistazo a la Constitución Dogmática de la Iglesia publicada por el Segundo Concilio Vaticano el 25 de Noviembre de 1965. La primera sección se intitula "El plan del Padre" y habla del Evangelio en términos de un plan que seremonta a la preexistencia. El segundo capítulo se intitula "El Pueblo de Dios" y en la sección denominada "Un Pueblo Escogido" nos confronta con esa nueva imagen de la Iglesia, tan sorprendentemente diferente de la que había sido diligentemente cultivada desde la época de los Padres de la Iglesia del siglo IV d.C, como si nos mostrara "al nuevo Israel viajando en medio del mundo actual,... moviéndose hacia delante a través de tentaciones y pruebas."
La sección siguiente lleva como título "Un Pueblo de Sacerdotes," y enseña que "el sacerdocio en común de los fieles" es "en su particular y distintivo modo una participación en el único sacerdocio de Cristo." La siguiente anuncia que a través de los sacramentos (ordenanzas) todos deben "renacer como hijos de Dios." A continuación leemos que "el Pueblo Santo de Dios además comparte el oficio profético en Cristo al relacionarse como testigos vivientes con El." Esto conduce (en la sección siguiente) a los dones del espíritu, los cuales deberían ser ampliamente disfrutados en la Iglesia. La sección llama la atención con respecto a que todos deben ser misioneros.
El capítulo Vil ostenta un título que habría conmocionado a cualquier historiador de la Iglesia algunos años atrás, cuando la Iglesia y la escatología eran elementos diametralmente opuestos: "El Carácter Escatológico de la Iglesia Itinerante y su Reunión con la Iglesia Celestial." Fueron este tipo de cuestiones a las que San Agustín y sus contemporáneos pusieron un alto definitivo; para él y sus escolásticos sucesores (quienes difícilmente reciben noticia alguna del nuevo orden de las cosas), la Iglesia sobre la tierra era una misma Iglesia, escatológica y celestial. Sin embargo ahora es una historia diferente, ya que somos llevados rápidamente a Qumran para observar a un pequeño grupo de "santos," despreciados y rechazados por el mundo, viviendo a la espera de la venida del Señor al final de los tiempos: "La época final del mundo ya ha venido entre nosotros;" este capítulo inicia informándonos que "hasta la aparición de un cielo y tierra nuevas en las que la justicia reine, la Iglesia itinerante...lucirá la efímera apariencia propia de este mundo."
De manera que la Iglesia universal, fuerte y triunfante, establecida de una vez por todas para permanecer (de acuerdo con la declaración del Concilio Vaticano anterior) "firme e inamovible hasta el fin del mundo," ha adquirido ¡"la efímera apariencia propia de este mundo"! Mas aun, como sustento para todas y cada una de sus dramáticas afirmaciones, "el catolicismo de la Iglesia siempre resulta enormemente deficiente."
El mundo cristiano no puede ser completamente ignorante de que esta moviéndose en dirección de cosas de las que se mofaban y ridiculizaban cuando las voces hablaron por vez primera desde Cumora. Una indicación plena de esto es la observación hecha por una de las principales y mas importantes autoridades católicas sobre el asunto de los Rollos del Mar Muerto en uno de los primeros y mejores libros que jamás se han escrito sobre el tema, en el sentido de que el título correcto otorgado a la comunidad de Qumran debería ser Santos del Ultimo Día, pero que dicho título no podría usarse porque desafortunadamente había sido precedido por el de "secta cristiana."
Mientras que algunos católicos actualmente admiten que los cambios se hacen y se hicieron en el pasado en los ritos, costumbres y administración de su Iglesia, algunos otros se ha esforzado por señalar a quien esto escribe que la parte realmente importante de la herencia, es decir, la doctrina de la Iglesia, ha permanecido sin cambios, conservada en las inalterables fórmulas de los credos. Pero todo esto es un malentendido. Los grandes concilios de la Iglesia, incluidos todos los concilios ecuménicos anteriores, fueron convocados en su gran mayoría para discutir y decidir en cuestiones de doctrina; si bien las palabras de los credos han permanecido sin cambios, la interpretación de esas palabras ha sido tema de una eterna controversia que aun continúa. Es comprensible que el clero católico, en aquellos aspectos en que es posible hacerlo, asuman la postura de Bousset en el sentido de que su Iglesia jamás ha cambiado sus doctrinas fundamentales; aunque como Owen Chadwick ha demostrado, los cambios mas grandes y trascendentales en esa Iglesia, tanto en tiempos antiguos como modernos, han sido de naturaleza doctrinal.
*de su obra “El Libro de Mormón en el Mundo Moderno”
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