Un tiempo para la esperanza



por Ardeth Greene Kapp

Cómo desearía poder sentarme con ustedes en mi columpio del porche de atrás de mi casa para contemplar una puesta del sol. Es tan divertido escuchar a los grillos cantar. Aquellos que saben como escuchar pueden distinguir entre un llamado amoroso, una señal de peligro y otros mensajes que simplemente dicen "Aquí estoy". ¿Sabían ustedes que los grillos realmente escuchan con oídos que se encuentran en sus rodillas? Cuando me arrodillo también trato de escuchar para que pueda entender mejor las necesidades, deseos y anhelos de las mujeres jóvenes de la Iglesia. Hago esto cada vez que leo sus cartas y tengo la oportunidad de escucharles expresar sus pensamientos y sentimientos.
Imagínense que se encuentran sentadas conmigo en el columpio de mi porche y que juntas vamos a escuchar los mensajes de algunas de las cartas que he recibido recientemente:
"Querida hermana Kapp: Este año he tenido mucha dificultad con mi autoestima y con una amiga (también miembro de la Iglesia) quien me ha dado la espalda y se ha ido con otras amigas. Algunas veces me siento terriblemente sola. Sé que nuestro Padre Celestial sabe de mis problemas pero también sé que debo tenerlos para progresar, aun cuando algunas veces es difícil recordarlo".
Escuchemos a otra joven que comparte los sentimientos de su corazón:
"Siempre dicen que algo debe suceder en nuestra vida que haga que tengamos el deseo de cambiar. Bueno pues, algo ha sucedido. Todavía tengo mucho camino por recorrer pero he comprendido finalmente que mi Padre Celestial está de mi lado aun cuando lo he defraudado de alguna manera. Estoy haciendo un gran esfuerzo por poner en orden mi vida y hacer lo que es correcto. Estoy decidida a hacerlo sin importarme el tiempo que me lleve aunque es muy difícil. Cómo me gustaría que pudiera tan solo acercarme a mi Padre y Madre Celestiales y darles un fuerte abrazo y decirles que pude regresar triunfante."
Escuchemos ahora una parte de una carta recibida por una madre tanto ansiosa como agradecida. Su hija de diecisiete años, quien podría ser juzgada como revoltosa por algunos que no han aprendido a reconocer su llamado de ayuda, escribe:
"Queridos papá y mamá: Sé que no he sido muy buena hija. Espero que las cosas se puedan arreglar entre nosotros. Por favor no pierdan las esperanzas en mí. No crean que el que no les diga que los amo significa en realidad eso. Por favor entiendan lo que estoy tratando de decir. Nos mantendremos unidos y nos amaremos a través de los momentos más duros y peores. Y lo lograremos porque somos una familia".
Escucho estos mensajes de nuestras preciosas mujeres jóvenes y lo hago con mis oídos y con mi corazón. Quiero llegar a cada una y compartir con ellas lo que he aprendido a través de los años acerca de la esperanza. Si pudiera, también quisiera proporcionarles esperanza a ustedes; sin embargo, he aprendido que sólo viene a nosotros al seguir avanzando. Este breve tiempo lejos de nuestro hogar celestial y de nuestros padres, nos ha sido dado con nuestro albedrío con el propósito de ser probados en todas maneras (véase 2 Nefi 2:24-28). Podemos dar por seguro que tendremos días difíciles con algunas pruebas duras. Pero si aprendemos de ellas y crecemos como consecuencia de ellas, seremos individualmente más fuertes y mejores. Cuando yo me enfrento a cosas que son difíciles y que no logro comprender, repaso en mi mente las palabras de una canción que aprendí hace algunos años cuando no estaba muy segura de que mis oraciones fueran escuchadas y necesitaba esperanza para seguir adelante:

Tal vez en fuego Dios te pruebe
Para hacerte así brillar.
Mas Su amor cesarno puede,
Para Él eres especial.
A tu lado Dios camina;
De Su mano triunfarás.

Mi hermana Sharon tenía un disco que tocaba una y otra vez hasta que memorizó las palabras y aún me las canta en ocasiones. Relata la historia de una joven en un pequeño pueblo minero en Leadville, Colorado. Unas personas que vivían en un bosque la habían encontrado. No sabían quién era ni de dónde había venido, pero la recogieron y la criaron. Ella tenía empuje y esperanza lo cual la llevó, con el tiempo, de ese pequeño lugar a algunos de los más prestigiosos de Europa.
A medida que la versión musical de la historia de Molly Brown se va desarrollando, primero la vemos como una muchacha campesina con pocas oportunidades, ninguna educación y sin refinamiento. Luego la encontramos luchando en el suelo con sus hermanos adoptivos quienes la voltean. Uno de sus hermanos le dice: "¡Te vencimos Molly, te vencimos!" Y la joven Molly responde: "No estoy vencida, no estoy vencida, pero aún cuando lo estuviera nunca me escucharás decirlo. Odio la palabra vencida pero amo la palabra luchar, porque significa esperanza y eso es exactamente lo que yo tengo. La esperanza de algo más bonito, algún lugar más limpio; y si he de comer cabezas de pescado toda mi vida ¿no les parece que las podría comer en un plato aunque sólo una vez y vestida con un vestido rojo de seda?" Y entonces empieza a cantar a todo pulmón: "Y entonces voy a leer y escribir. Voy a ver todo lo que hay que ver. Y si van de la nada camino a algo y se encuentran con alguien, ese alguien yo he de ser". ¿Les suena eso a ustedes como tener esperanza?
La esperanza y la determinación de Molly la llevaron a grandes triunfos. Entonces un día se encontró abordo del trágico Titanio, el cual se hundió al fondo del océano con más de mil pasajeros. Pero Molly Brown no se hundió, se subió a un bote salvavidas con otras personas y empezó a remar. La noche estaba fría y obscura y los sobrevivientes estaban presos del temor de ser sepultados en el agua. Algunos gritaban con angustia: "¡No lo lograremos!" Pero Molly Brown se negó a darse por vencida. Ella siguió remando. Los titulares del periódico New York Times la llamaron "La invencible Molly Brown". Estaba llena de esperanza, y su esperanza inquebrantable inspiró a otros también a tenerla.
Antes yo me ponía a pensar acerca del camino a "algo" del cual Molly cantaba y cómo lo podría encontrar. Cuando joven recuerdo haberme parado ante la ventana de la cocina y seguir con la vista el camino de piedras que corría hacia el este hasta donde alcanzara a mirar. A cada lado del camino había pasto crecido durante el verano y nieve profunda en el invierno y sólo habían unas cuantas casas desperdigadas. Pensaba: ¿qué habrá allá afuera para mí? ¿A dónde pertenezco? Estoy segura de que ustedes se habrán hecho las mismas preguntas. Había veces en que las cosas no se veían muy prometedoras. La escuela me había sido muy difícil. Mis amigos me estaban dejando atrás y yo me sentía tonta. ¿Tienen alguna idea de cómo eso le hace sentir a una persona? Es horrible.
Cuando tenía doce años de edad y sintiéndome muy descorazonada después de un largo y difícil invierno, mis padres tenían un plan que representaba muchos sacrificios pero que esperaban me diera esperanza. Decidieron llevarme más allá del camino de piedras, cruzando por la fronteras de Canadá, atravesando los grandes estados de Montana y de Idaho hasta llegar a Salt Lake City, Utah, para asistir a una conferencia general de la Iglesia.
Llegamos temprano el primer día de la conferencia y esperamos en fila con la esperanza de entrar en el Tabernáculo de la Manzana del Templo, el cual solo conocía por fotografías. Finalmente encon-tramos asientos en el balcón desde donde podía realmente ver al Profeta en vivo y escucharlo hablar, cosa que nunca antes había pensado que podría suceder. El sentimiento que tuve en esa ocasión fue uno de esperanza y entendí el significado del verdadero "camino a algo". Determiné allí ese día plantar mis pies en ese camino, el camino angosto y estrecho que lleva al reino celestial y nunca darme por vencida. He llegado a saber sin ninguna duda que el Evangelio de Jesucristo es el camino de la esperanza que nos lleva de regreso a nuestro Padre Celestial y a nuestro hogar eterno.
Escuchen la promesa del Señor a nosotros. Dice: "Sé fiel y diligente en guardar los mandamientos de Dios, y te estrecharé entre los brazos de mi amor" (D. y C. 6:20), y nos consuela diciendo: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas" (Mateo 11:28-29).
Ahora bien, si estuviéramos juntas en el porche de la parte atrás de mi casa, me detendría y les preguntaría: "¿Comprenden el plan de nuestro Padre Celestial y la parte que ustedes tienen dentro de él?" Hago esta súplica a cada mujer joven: Encuentren su propio porche, lejos de las voces ruidosas del mundo. Aprendan a escuchar, no a los grillos, sino a los susurros constantes del Espíritu con Sus mensajes de esperanza que les ayudarán a cada paso por el camino de regreso al reino celestial.
¿Se pueden imaginar lo que podría suceder si cada joven mandara un mensaje de esperanza al mundo que inspirara a otros a nunca darse por vencidos? Eso es exactamente lo que ha sucedido. Cada una de las 300.000 mujeres jóvenes de la Iglesia fueron invitadas recientemente a participar en una magnífica celebración mundial; se les invitó a preparar mensajes breves de amor y esperanza al mundo y ponerlos dentro de un globo de helio que soltarían al amanecer de un día memorable de otoño.
Ángela Santana envió su mensaje de amor desde Brasil: "Sentimos paz cuando vivimos en rectitud. Es tener al Espíritu con nosotros dándonos testimonio de nuestro Padre Celestial y Su Hijo Jesucristo. Es prepararse para el día cuando podremos vivir en el reino celestial eternamente con nuestro Padre Celestial". En el sobre escribió: "Si un hombre tiene esperanza, nunca se sentirá infeliz".
Shauna Bocutt, de quince años, envió desde Kinshasa, Zaire, su mensaje de esperanza e incluyó este testimonio especial: "Sé que mi Padre Celestial me ama porque se lo he preguntado".
De las Filipinas, Dhezie Jimeno escribió: "Me gustaría compartir con ustedes un mensaje que espero guarden para el contentamiento de su corazón. El mensaje es que Dios se interesa y las ama mucho, mucho. Sí, en la vida experimentamos dolor y penas, tristezas y tribulaciones, pero todas estas cosas son para darnos experiencia, y además podemos hacer que obren para nuestro beneficio. Las dificultades son sólo mandados del Señor; si las experimentamos es evidencia de Su confianza en nosotros. Por lo tanto, debemos estar contentas, ser felices, porque es una manera de ser sabias. Sólo tenemos que llamarlo en ferviente oración. Yo sé que Dios nunca nos falla; Él está allí; está escuchando y se interesa profundamente en nosotros. Tenemos en Él a un amigo".
Con el Evangelio en nuestras vidas y con nuestros pies firmemente plantados sobre el camino que lleva al reino celestial, podemos movernos hacia adelante y hacia arriba. Habrán algunos montes empinados que escalar pero nuestro Señor y Salvador Jesucristo ha hecho convenios con nosotros y nos ha prometido escalar a nuestro lado cada paso del camino. Su esperanza, unida a la esperanza de miles de otras personas, puede traer la luz y la esperanza del Evangelio de Jesucristo a un mundo perturbado. Hagan convenio este mismo día (si no lo han hecho aún) de plantar sus pies firmemente en el camino que conduce al reino celestial y nunca se den por vencidos. Este tiempo, sobre todos los demás, es un tiempo para la esperanza.
(del libro Andar por la Fe)

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