El Libro de Mormón nos ayuda a entender la Biblia
por John A. Tvedtnes
Uno de los propósitos del Libro de Mormón es prestar apoyo a la Biblia. Unos cuatro
siglos después de la visita de Jesucristo a los nefitas en el Nuevo Mundo, Mormón
escribió: "Porque he aquí, se escriben éstos [estos anales, es decir, el Libro de
Mormón] con el fin de que creáis en aquéllos [aquellos anales, es decir, la Biblia]; y si
creéis en aquéllos, también creeréis en éstos [...]" (Mormón 7: 9).
En el presente artículo examinaremos algunas de las formas en que el Libro de
Mormón nos ayuda a entender la Biblia.
Jesús es el Hijo de Dios
La primera forma en que el Libro de Mormón apoya a la Biblia es testificando que la
declaración que se halla en la misma de que Jesús es el Hijo de Dios y el Salvador del
mundo es correcta. Nefi, quien había llegado de Jerusalén a las Américas seis siglos
antes de Cristo, escribió que "según las palabras de los profetas, el Mesías viene
seiscientos años a partir de la ocasión en que mi padre salió de Jerusalén; y según las
palabras de los profetas, y también la palabra del ángel de Dios, su nombre será
Jesucristo, el Hijo de Dios" (2 Nefi 25: 19). Más de cuatro siglos después, uno de los
descendientes de Nefi, un rey llamado Benjamín, profetizó en cuanto a la venida del
Salvador: "Y se llamará Jesucristo, el Hijo de Dios, el Padre del cielo y de la tierra, el
Creador de todas las cosas desde el principio; y su madre se llamará María" (Mosíah 3:
8). Alma, un profeta de la siguiente generación, también declaró que "el Hijo de Dios
viene sobre la faz de la tierra. Y he aquí, nacerá de María, en Jerusalén, que es la tierra
de nuestros antepasados, y siendo ella virgen, un vaso precioso y escogido, a quien se
hará sombra y concebirá por el poder del Espíritu Santo, dará a luz un hijo, sí, aun el
Hijo de Dios" (Alma 7: 9-10). Cuatro siglos después que Cristo viniera a enseñar a los
nefitas, Mormón escribió: "Sabed que debéis llegar al conocimiento de vuestros padres,
y a arrepentiros de todos vuestros pecados e iniquidades, y creer en Jesucristo, que él
es el Hijo de Dios" (Mormón 7: 5).
El Libro de Mormón deja claro que la profecía del siervo de Dios, que se encuentra
en Isaías 53, se refiere a Jesucristo (ver Mosíah 14-15). También nos dice que cuando
Abraham fue "obediente a los mandamientos de Dios al ofrecer a su hijo Isaac", esto
era "una semejanza de Dios y de su Hijo Unigénito" (Jacob 4: 5).
Profetas que no se mencionan en la Biblia
El profeta Helamán, del Libro de Mormón, escribió que "todos los santos profetas"
de los tiempos antiguos habían testificado que Cristo vendría (Helamán 8: 16).
Menciona a los profetas bíblicos Abraham, Moisés, Isaías y Jeremías, y también a otros
profetas llamados Zenós, Zenoc, Neum (Helamán 8: 17-20). Hay varios pasajes en la
Biblia que mencionan a profetas cuyos escritos se perdieron en la antigüedad (1
Crónicas 29: 29; 2 Crónicas 9: 29; 12: 15; 13: 22; 20: 34; 26: 22; 33: 18-19). Gracias al
Libro de Mormón, sabemos que hubo otros profetas cuyos escritos ya no existen. Esto
concuerda con lo que dicen algunos de los primeros Padres de la Iglesia de los
primeros siglos después de Cristo, tales como Eusebio, Agustín, Irineo, Clemente de
Alejandría y Justino Mártir, quienes a veces citaron libros proféticos que ya no
aparecen en nuestra Biblia moderna.
Las "otras ovejas" de Jesús
Mientras se encontraba en Jerusalén, Jesús dijo a sus discípulos: "Yo soy el buen
pastor, y conozco a mis ovejas, y las mías me conocen" (Juan 10: 14). Asimismo
declaró: "También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo
traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor" (Juan 10: 16). El Libro de Mormón
nos informa que estas otras ovejas fueron los nefitas, cuyos antepasados habían
llegado de Jerusalén seiscientos años antes de Cristo. Cuando se apareció a los
nefitas tras su resurrección, Jesús les dijo: "Y de cierto os digo que vosotros sois
aquellos de quienes dije: Tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también
debo yo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño y un pastor" (3 Nefi 15: 21).
El Sermón del monte
Uno de los sermones más conocidos de Cristo, el Sermón del monte, se encuentra
en Mateo, capítulos 5-7. Según el Libro de Mormón, dio este mismo mensaje a los
nefitas en el Nuevo Mundo, si bien con unos pocos cambios (ver 3 Nefi, capítulos 12-
14). Estos cambios nos proporcionan una mejor comprensión del significado de sus
enseñanzas. Uno de ellos se encuentra en las bienaventuranzas. En Mateo 5: 6, Cristo
dice a sus discípulos: "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque
ellos serán saciados". La versión del Libro de Mormón dice: "porque ellos serán llenos
del Espíritu Santo".
Tras efectuar algunas advertencias sobre las tentaciones sexuales en Mateo 5: 27-
28, los versículos 29-30 contienen unas declaraciones enigmáticas, según las que uno
debe 'sacarse el ojo derecho' o 'cortarse la mano derecha' si le son ocasión de caer.
Estas expresiones pueden haber sido idiomáticas o simbólicas y así haber tenido un
sentido específico para los que escuchaban a Jesús, pero no son fácilmente inteligibles
hoy en día. De manera similar, estas expresiones probablemente no habrían tenido
mucho significado para los nefitas que vivían al otro lado del mundo. En el Libro de
Mormón, Cristo dijo algo diferente: "He aquí, os doy el mandamiento de que no
permitáis que ninguna de estas cosas [tentaciones] entre en vuestro corazón, porque
mejor es que os privéis de estas cosas, tomando así vuestra cruz, que ser arrojados en
el infierno" (3 Nefi 12: 29-30). Así, aprendemos que Cristo estaba enseñando que
deberíamos resistir las malas tentaciones.
En Mateo 6: 25-34, Cristo manifiesta no estar preocupado por qué comer, qué vestir
o dónde cobijarse. Éste es un consejo extraño para las madres y padres que tienen que
cuidar no sólo de sí mismos, sino también de sus hijos. ¿Quería realmente el Salvador
decir que no debemos salir a buscar trabajo y procurar por las necesidades de la vida?
De nuevo, el Libro de Mormón clarifica esta situación al explicar que Jesús dirigió estas
palabras en específico a un grupo selecto de doce discípulos, a quienes iba a enviar a
predicar el evangelio (ver 3 Nefi 13: 25-54). A la luz de esto, es probable que las
palabras del capítulo 6 de Mateo estuvieran sólo dirigidas a los doce apóstoles, no a
todos los seguidores de Cristo. Era mientras viajaban al servicio de Dios cuando los
doce no debían preocuparse por los asuntos mundanos, sino por edificar el reino de
Dios1.
Textos de Isaías
El Libro de Mormón contiene casi 500 versículos citados del profeta bíblico Isaías.
Unos 70 de éstos son paráfrasis; del resto, la mitad coincide con el texto bíblico y la
otra mitad contiene variantes. Mientras que algunas de estas diferencias son
insignificantes, hay 234 que mejoran nuestra comprensión de la Biblia. Muchas de
éstas encuentran apoyo en diversos manuscritos hebreos de la Biblia (incluyendo los
Rollos del Mar Muerto) o en traducciones muy tempranas de la misma, como es el caso
de la Septuaginta, que es una versión en griego del Antiguo Testamento elaborada en
el siglo II antes de Cristo.
Por ejemplo, Isaías 2: 16 contiene las palabras "y sobre todas las naves de Tarsis",
mientras que el Libro de Mormón, al citar este pasaje, dice "y sobre todos los barcos
del mar, y sobre toda nave de Tarsis" (2 Nefi 12: 16). La porción adicional no se
encuentra en el texto hebreo de Isaías. Pero en la Septuaginta leemos: "y sobre todo
barco del mar" en vez de "y sobre todas las naves de Tarsis". El Libro de Mormón
preserva la lectura tanto del texto hebreo como del griego, lo que sugiere que el hebreo
podría haber perdido una porción mientras que el griego habría perdido la otra. Las dos
juntas forman un paralelismo, figura poética que abunda en la Biblia y, de forma muy
especial, en los escritos del profeta Isaías.
Cuando en 2 Nefi 23: 22 se cita Isaías 12: 22, añade la siguiente frase al final del
versículo: "Pues la destruiré prestamente; sí, porque tendré compasión de mi pueblo,
mas los impíos perecerán". Las diferentes versiones prestan parcialmente apoyo a la
adición del Libro de Mormón. La Septuaginta añade "será hecho rápidamente, y no con
retraso", mientras que uno de los Rollos del Mar Muerto (1QIsa) añade "más (todavía,
aún)". Es posible que esta pérdida en el texto hebreo común se produjera debido a un
proceso que se conoce como haplografía. El trozo que se añade en el pasaje del Libro
de Mormón probablemente comenzaba con la palabra hebrea KY, "pues", que
casualmente es la palabra con la que se inicia el siguiente versículo (Isaías 14: 1 = 2
Nefi 24: 1). Es evidente que alguno de los primeros copistas del texto en hebreo saltó
inadvertidamente con la vista de la primera aparición de esta palabra a la segunda,
omitiendo así todo el pasaje, que sí se mantuvo en la versión del Libro de Mormón.
Además, Isaías 14: 1 no constituye una continuación lógica de Isaías 13: 22, a no ser
que intervenga el trozo añadido por el Libro de Mormón, que introduce el tema de la
misericordia de Dios hacia Israel.
Hay otros muchos ejemplos de variantes de este tipo en el texto de Isaías que se
clarifican por medio de las citas de Isaías del Libro de Mormón, pero éstos serán
suficientes para demostrar que a veces se puede usar un texto antiguo de escritura
para ayudar a comprender otro texto2.
Leyes mayores y menores
El apóstol Pablo escribió a los Gálatas: "Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue
añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha
la promesa" (Gálatas 3: 19). Esto sugiere que la ley de Moisés fue superpuesta por
encima de algo distinto que los israelitas habían recibido de Dios, probablemente algo
que era parte de una ley mayor. Debido a que los diez mandamientos se citan con
autoridad como la palabra de Dios en el Antiguo y el Nuevo Testamento, así como en el
Libro de Mormón, deben ser parte de la ley mayor que permaneció incluso bajo el
convenio hecho en Sinaí. Por tanto, no constituirían parte del "acta de los decretos",
que, como dijo Pablo, Cristo quitó "de en medio [...] clavándola en la cruz" (Colosenses
2: 14).
Cristo dijo a los nefitas: "en mí se ha cumplido la ley de Moisés" (3 Nefi 9: 17; véase
también 3 Nefi 12: 18-19, 46; 15: 4-5, 8). Pero, al parecer, estaba sugiriendo que sólo
se había cumplido la parte menor de dicha ley cuando dijo: "He aquí, tenéis los
mandamientos ante vosotros, y la ley se ha cumplido" (3 Nefi 12: 19). El profeta
Abinadí, del Libro de Mormón, si bien señaló que la salvación no viene por la ley de
Moisés, no obstante, indicó que era importante guardar los mandamientos que eran
parte de dicha ley (Mosíah 12: 31-33; 13: 27-30; ver también Alma 25: 16).
Para entender esta cuestión, debemos señalar que la ley de Moisés comprendía
tres divisiones: los mandamientos (que a veces se denominaban "ley" o "testimonios"),
los estatutos (que a veces se denominaban "ordenanzas"), y los juicios3. Estas mismas
tres divisiones de la ley aparecen en el Libro de Mormón, donde en ocasiones se utiliza
la palabra "prácticas" por "juicios"4. Gracias a algunos pasajes del Libro de Mormón
(Alma 30:3; 2 Nefi 25: 24-25, 30; 4 Nefi 1:12), sabemos que eran los estatutos y juicios
(u ordenanzas y prácticas) los que iban a ser eliminados con Cristo, mientras que los
mandamientos permanecerían como parte de la ley mayor que Cristo reveló durante su
ministerio. Así, el Libro de Mormón explica qué parte de la ley de Moisés es la que se
añadió, como dice Pablo, a causa de que los israelitas pecaron.
Conclusiones
A partir de las cuestiones que hemos tratado, puede verse que el Libro de Mormón
presta apoyo a la Biblia y nos ayuda a entender algunos pasajes difíciles de ésta.
Debido a la brevedad de este artículo, sólo hemos podido prestar atención a unos
pocos de dichos pasajes.
El Libro de Mormón también señala que la Biblia no es el único volumen de
escrituras inspirado por Dios. A través del profeta Nefi, el Señor nos habló en estos
últimos días: "Así que no por tener una Biblia, debéis suponer que contiene todas mis
palabras; ni tampoco debéis suponer que no he hecho escribir otras más" (2 Nefi 29:
10). El Libro de Mormón es uno de los otros libros que Dios nos ha dado para
ayudarnos a entender su voluntad.
1 Para un estudio exhaustivo de los sermones de Jesús en el Viejo y el Nuevo Mundo,
véase John W. Welch, The Sermon at the Temple and the Sermon on the Mount (Salt
Lake City: Deseret and Foundation for Ancient Research and Mormon Studies, 1990).
2 Para un estudio extenso, véase John A. Tvedtnes, "Isaiah Variants in the Book of
Mormon" (Provo, Utah: Foundation for Ancient Research and Mormon Studies; report
No. TV-81, 1983). Para un artículo breve sobre el tema, véase John A. Tvedtnes,
"Isaiah Variants in the Book of Mormon," en Monte S. Nyman (ed.), Isaiah and the
Prophets (Provo, UT: Religious Studies Center, Brigham Young Univ., en cooperación
con Bookcraft, Inc., Salt Lake City, 1984), 164-177.
3 En la Biblia, véase Deuteronomio 4:1-2, 13-14; 5:28; 6:20; 26:17; 28:45; 2 Reyes
17:34, 37; 2 Crónicas 19:10; 29:19; 33:8; 34:31; Nehemías 9:13-14; 10:30; Jeremías
32:11.
4 1 Nefi 17:22; 2 Nefi 5:10; 25:25, 30; Mosíah 6:6; Alma 8:17; 25:14-15; 31:9-10; 58:40;
Helamán 3:20; 15:5; 4 Nefi 1:12.